Tacones lejanos

Mi mamá y yo el día de mi cumpleaños
Mi mamá y yo el día de mi cumpleaños

Cierta vez tuve una colega que me confesó haber sentido que odiaba a su madre en algún momento de su vida. Antes empezar a juzgarla, le pregunté el porqué de dicha afirmación tan fuerte y chocante, porque tengo que decir que yo siento un gran amor hacia la mía, al menos eso creo; mi colega, me confirmó que dicho sentimiento surgió cuando su madre pasaba por la menopausia y que literalmente se volvió INSOPORTABLE. Rogué en silencio que eso nunca le pasara a mi mamá y seguí adelante.

La verdad es que no mucho tiempo pasó para que viviera en carne propia lo que era tener ese encuentro de sentimientos con respecto a un ser al que desde el inicio de nuestra vida, nos han enseñado nos ama y que la debemos amar (no en vano repetimos de manera metódica “Mi mamá me ama”, “Mi mamá me mima” y “Amo a mi mamá”).

Hoy me puse a pensar en cómo me sentía yo con respecto a mi madre. Mi mamá tiene 52 años y no los aparenta (aunque en los últimos años se ha consumido un poco). Es graciosa, jovial, alegre, bondadosa, colaboradora y cocina muy bien; pero como todo ser humano tiene un defecto y muy grande, su  PESIMISMO.

Cuando decidí ser profesora (contrario a su deseo de que me convirtiera en abogada) se enojó, supongo que se sintió frustrada, y me auguró un patético y miserable futuro. Por eso no postulé a Educación, sino a Comunicación porque abogada como Laura Bozo, JAMÁS.

Muchos se preguntarán por qué no postular a Educación, si al fin y al cabo no iba a convertirme en la prometedora abogada que tanto deseaba mi madre, o al menos me estaba negando a serlo. Por una razón muy simple que tiene un sustento muy personal.

Cuando somos pequeños queremos que nuestra madre nos ame y queremos que nos lo demuestre. Pero ¿qué pasa si, por el contrario, sentimos que este ser que idolatramos quiere a otra persona más que a nosotros? Muy fácil: INSISTIMOS. Solo que mi insistencia se alargó por varios años. ¿Qué más me quedaba, si era muy distinta a ella, si es más, no parece mi mamá? (Tengo alumnos que aún insisten en que soy adoptada).

Esta necesidad de aprobación hizo que estudiara algo que no le desagradara ni a ella ni a mí. Quise equilibrio, mas no lo conseguí. La carrera no me hacía feliz, cuando quise dejarla a la mitad para seguir Educación, el casi infarto que le da a mi madre por la noticia, hizo que volviera a estudiar la tan mentada carrera. Cuando terminé llevé a mi mamá a mi graduación y hasta ahora ella tiene el anuario de recuerdo. Ella se emocionó y lloró por ese momento. Luego de un año sabático estudié Educación y finalmente cumplí lo que tanto quería. Nunca trabajé como comunicadora, siempre como profesora y ya tengo 9 años en este rubro.

Una colega me prestó una película y me vi reflejada en ella: “Tacones lejanos”. No es que mi madre estuviera lejana porque se iba de viaje, porque vivió siempre a nuestro lado y sacrificó parte de su vida en estar muy pendiente de nosotras (somos cuatro hermanas), pero la constante búsqueda de aprobación de la protagonista, es algo que yo sentí y siento (creo) aún en carne propia.

Me duele, me duele querer a mi madre porque me hace llorar. Me duele porque aunque, sé que me quiere, a veces insiste en demostrarme lo contrario. Y me molesto, porque no soy una adolescente y esto ya no debería hacerme daño, pero me lastima porque la quiero.

Mi madre es lejana a mí porque no la comprendo y ella no me comprende; lejana porque nunca será la hija mayor que tanto quiso (empezando porque nunca quiso una hija, sino un hijo); lejana porque todas mis virtudes no valen nada comparadas con mis defectos; lejana porque cuando quiero que me escuché está cansada y cuando quiero oírla, ella prefiera hablar con otra persona; lejana porque si quiero llevarla a un lugar que sé le divertirá, se detiene a ver cada defecto que encuentre; lejana porque si digo que no quiero oírla, soy indiferente; si no tengo hambre, soy una ingrata; si no consigo lo que me propongo, soy una perdedora; si quiero silencio, soy una amargada; si me preocupo en exceso por mi trabajo, soy una tonta; si le digo qué hay que hacer, soy una atrevida y si no se lo digo, soy una imprudente; si pago un gimnasio, soy una derrochadora y si me estreso por no hacer ejercicio, soy una floja; si no puedo pagar el recibo, porque no tengo plata, soy una tacaña, y también lo soy si pido que no gasten todo el saldo del teléfono en solo 20 días.

Me duele querer a mi madre porque intento no quererla y es muy difícil y en el intento solo me hago daño, porque ignorarla me quema y todo eso porque la amo, aunque ella no me lo crea.

Solo me queda respirar profundo, irme a dormir, olvidar todo y seguir adelante.

¿Me estaré volviendo vieja?

Hoy se celebró el día del maestro en el centro educativo donde vengo laborando ya seis años. Todos estaban emocionados, porque según me dijeron, el año pasado que fueron al mismo local se divirtieron a morir. Así que este año prometía, sin embargo yo estaba más interesada en la actuación que por ser tutora de quinto de secundaria, me involucraba de una u otra manera.

La actuación, si bien no salió como esperaba porque el audio era terrible, la participación de mis chicos fue divertida… Creo que a los profesores les gustó que los sacaran a bailar, que les pusieran música divertida y que les dieran cotillón, en un intento por hacer algo parecido a la hora loca. Cuando llegó la hora de partir al local, todos mis colegas se habían ido y me sentí fuertemente tentada a no asistir al evento, no tenía muchas ganas, además tenía la excusa perfecta… No conocía el local y como me quedé sola… Sin embargo recordé lo que un alumno me dijo: «Como pagué mi cuota, espero que se divierta» (jejeje… Materialista)

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Tomé un taxi y me dirigí al lugar en cuestión y desde el comienzo me desagradó… Habrían más de 400 personas (¿y dónde está la prevención por la gripe AH1N1?), pero el ruido excesivo hizo que en primera me doliera la cabeza. Entré y salí, lamentándome haber ido, sin embargo decidí darle una oportunidad al evento, que por cierto estaba divertido, sin embargo no me sentía cómoda.

Cómo extraño aquellas reuniones casi familiares que teníamos en el colegio, cuando nos sentábamos todos, comíamos y compartíamos como si fuéramos una familia… ¿Es que es necesario ir a un local tan ruidoso  para sentirnos bien? Ir a ese local implicaba que otros miembros del colegio no participaran de la celebración… Cuando hacíamos el evento en el colegio participaban todos, incluyendo los amables señores de mantenimiento.

Me terminé el pollo a la brasa y con el amargo sabor de un sorbo de cerveza, me retiré a mi casa, señalando el terrible dolor de cabeza y el agudo pitido que sentía en el oído. Es que a mis 29 se me vienen todos los achaques encima. No puedo evitar preguntarme ¿qué está mla conmigo? ¿Es que acaso me estoy volviendo una vieja o solo más tradicional? Lo meditaré mientra veo el fin de termporada de Grey’s Anatomy.

Por qué sentirse triste un día del maestro…

  1. Te sientes triste un día del maestro porque en los colegios en lugar de alumnos se ven solo billetes y por lo tanto al alumno no se le educa, se le mantiene en el colegio cueste lo que cueste.
  2. Te sientes triste un día del maestro porque existen docentes que dicen enseñar valores, pero que carecen de sinceridad y solo buscan encontrar la paja en el ojo ajeno.
  3. Te sientes triste un día del maestro porque tus alumnos están acostumbrados a mantenerlos contentos aunque esto ponga en juego su futuro.
  4. Te sientes triste un día del maestro porque te esfuerzas y te esfuerzas, pero esto no se valora.
  5. Te sientes triste un día del maestro porque tienes alumnos que creen que el ser exigente es un gran defecto y no una virtud.
  6. Te sientes triste un día del maestro porque tus alumnos saben que aprenden, te lo dicen, mas no comprenden lo importante que es eso.
  7. Te sientes triste un día del maestro porque tus padres no se involucran en la educación de tus hijos.
  8. Te sientes triste un día del maestro porque tú que nunca fuiste hipócrita, pero sí ingenuamente amable, tienes que sonreír a gente que te voltea la cara o te contesta con un simple «AH».
  9. Te sientes triste un día del maestro porque invertiste tanto en tu educación y te interesas tanto por mejorar, pero la educación en tu país parece quedarse en el mismo lugar.
  10. Te sientes triste un día del maestro porque no está en ti cambiar la mentalidad de toda una generación.
  11. Te sientes triste un día del maestro porque sabes que no soportarás y dejarás el centro donde trabajas, por lo que esos estudiantes que intentaste cambiar durante todo un año se quedarán inmersos en la misma situación, con profesores que evaden su responsabilidad con el único afán de caerle bien al alumnado.
  12. Te sientes triste un día del maestro porque las fuerzas no te alcanzan, porque ya no resiste, porque sufres e irónicamente recuerdas la primera vez que entraste en un aula y lo feliz que te hacía enseñar. Te siente triste porque recuerdas que empezaste en este sector por vocación y los que lo hacen por eso estamos en un lento y doloroso proceso de extinción.

Cuando nuestros alumnos creen que son más…

violenciaenlaescuela¿Qué ocurre cuando nuestros alumnos se creen superiores a nosotros, sus profesores? ¿Qué pasa si te ha tocado trabajar con un grupo de alumnos en donde no falta un par de «desubicados» que piensa que si te ridiculizan en frente a todo el salón serán respetados? Pues pasa simplemente que te has encontrado con alumnos que se llevarán un duro, duro golpe cuando despierten de su fantasía.

Hoy me di cuenta de que la verdadera volubilidad de los adolecentes. Siempre me jacté de tener un grupo de alumnos, a los que por ciertos varios he visto crecer, homogéneo y maduro; sin embargo hoy fui testigo de cómo existen alumnos que creen que levantándole la voz a un profesor, respondiendo con una mueca equivalente a «me das asco» o mirándote con cara de que «si no fueras mi profesora te pego», pueden no solo conseguir lo que pretenden, sino que además suponen lograr que tú, profesor (a), le adjudiques el respeto que evidentemente no tienen.

Situaciones de este tipo me dan mucha pena, sé que lamentablemente estos alumnos son un reflejo exacto de lo que ven en casa y que quizá la influencia de elementos de sus alrededores los ha hecho convertirse en los «matoncitos» del aula; pero qué gana un hombre levantándole la voz a una mujer o hablando mal de ella… ABSOLUTAMENTE NADA.

Estoy próximo a realizar un viaje al que probablemente asistirán este tipo de alumnos, un viaje que por cierto va a tener que ser modificado por motivos de seguridad e inversión.  La verdad es que en mi egoísmo señalé que existía en el grupo alumnos que preferiría que no fueran al viaje porque sé lo que me espera en caso intenten hacer aquello que más les gusta, desobedecer y hacer lo que les da la gana (cosa que estoy más que segura). Es cierto que fui egoísta, soy egoísta con mi tiempo y con mi paciencia.

La verdad, también es que quiero paz. Quiero tranquilizarme y seguir adelante. En esta aula tengo alumnas maravillosas y más de un par de alumnos que también lo son. Este viaje tiene que ser un éxito porque estoy acostumbrada a hacer las cosas lo mejor que pueda, pero también es cierto que cantidad no implica calidad… Estoy en una disyuntiva qué hacer, cómo solucionar esto, cómo se logra convivir con alumnos que creen tener derechos los cuales buscan imponer a cualquier costo.

Me siento muy triste, trabajé hoy completamente desanimada. No fue un buen día, porque me enteré de cosas reprochables y también porque no participaré de las celebraciones por mi día. Quizá, finalmente, sea lo mejor.

PD: A veces quisiera ser como la profesora de la imagen (¡JA!) Comentario cruel.

A veces…

soledad

A veces despierto con una enorme sensación de vacío, algo no encaja o algo no es como debería ser a mi alrededor. A pesar del tiempo y de que todo lo racionalizo con meticuloso cuidado, llego a la mis conclusión HAY DÍAS EN QUE NO ME COMPRENDO…

¿Qué tan difícil es comprenderme? Recuerdo que cuando era niña sentía que no era parte la realidad que me rodeaba, es más muchas veces creí que mis verdaderos padres en algún momento volverían a reclamarme, cosa que por cierto, nunca pasó.

Me faltan piezas, me falta algo, lamentablemente no sé que es… Solo sé que en este preciso momento no me siento yo misma, algo me pasa y no logro comprenderme… Me siento extraña, incompleta; no sé cómo describirlo, solo sé que me siento profundamente triste.