¡Viernes rebelde, pero feliz!

Este último viernes, ha sido un viernes rebelde, pero feliz. Rebelde porque rompí varias de las normas que me interpongo como docente y feliz porque me he divertido mucho.

El colegio en donde laboro cumplía 21 años de existencia y, al contrario de todo lo que contaron mis alumnitos, este año, el colegio decidió hacer una actuación simple y llevar a su personal docente a comer a un restaurante olívense. Así que la tarde no prometía, pero la noche se ponía más interesante.

Era el cumpleaños de una colega amiga y había decidido ir a su casa acompañarla un rato. La verdad es que juraba que iba a ser una fiesta y que si bien no bailo, igual iba a divertirme. Otra actividad que tenía para esa noche, era la fiesta de Halloween que habían organizado mis alumnos de quinto de secundaria del colegio BP; fiesta a la que amablemente me habían invitado y a la que amablemente había desistido de asistir por “ética”.

La actuación resultó regular, la comida muy rica, pero no se convirtió en un almuerzo feliz, por lo que decidí ir al cine. Llegué a mi casa con la intención de dormir temprano (hubiese sido un error), pero luego de chatear con mi querida amiga Dally (quien prácticamente me botó del internet para irme a bañar), me decidí a cumplir con ambos compromisos. Igual si me aburría, tenía un pretexto para ir a visitar a mi siempre estimada y añorada señora Marlene.

Sobre el primer evento me equivoqué. Fue una reunión familiar, para sentarse y conversar entre amigos y familiares (ninguno era amigo mío, salvo la cumpleañera, y mucho menos familia), por lo que me sentí medio desencajada y atontada. Así que con ética o sin ella, fui a la fiesta de disfraces de mis alumnos. Resultado final, los botaron con dos horas de anticipación. PLOP. El organizador, Carlitos, ofreció su casa, pero su mamá no pensó igual, así que sin casa, techo o piso seguro que nos ampare, decidimos aceptar la oferta de otro de mis alumnos. Oferta que nos llevaría a una azotea a medio construir. Cualquier cosa era mejor a terminar en un parque (recuerdos de fines de los 90 llegaron a mi mente).

Con juegos de cartas, situaciones extrañas y amenas, además de conversaciones interesantes nos dieron las 3 de la mañana. Era la hora de ir a casa a dormir. Y así terminé mi viernes (sábado) en una reunión simple, sin equipo, sin muebles, sin luces, sin comida, pero sí muy acogedora, divertida y con una excelente compañía.

Este viernes ha sido un día en el que he reafirmado lo mal que me voy a sentir cuando vea partir a mis chicos de la promoción Martin luther King y es que cuando te sientes tan bien con un grupo, el corazón se te hace trocitos al pensar en la separación inminente. Así que solo me queda mes y quince días para disfrutar a mis chicos y recoger recuerdos para extrañarlos menos, aunque creo que será imposible.

¡Gracias por hacer de mi viernes, un viernes rebelde, pero feliz!


¡Piñata! Sí… Estaban jugando a la piñata. Demasiado tiernos.

Claro… Excepto por el contenido de la piñata.

Haz clic en este ENLACE para ver todas las fotos

Días agitados, pero reflexivos…

Estos últimos días, han sido días de mucho trabajo, tanto que no he podido actualizar ninguno de mis blogs ni avanzar con el compromiso que asumí con tres de mis mejores alumnas. Como todo profesor sabe, cada fin de bimestre nos sorprende con una gran carga laboral, que gracias a Dios solo dura una semana o dos como máximo. Sin embargo, octubre siempre ha sido un mes extremadamente especial porque al trabajo de fin de bimestre se le juntan aniversarios, concursos y eventos de centro laboral.

Este va a ser un post reflexivo porque solo quiero dejar testimonio de algunas de las cosas que me pasaron en estos agitados días:

  1. En Cusco aprendí que en la actualidad, la mentira se hace tan común que parece cosa cotidiana. Es tan fácil mentir, o es quizá que los adolescentes de hora aseguran y hablan a la velocidad en que piensan. Lo hacen tan rápido que luego no están seguros de las cosas que afirmaron y como no lo recuerdan (o no lo quieren recordar) simplemente se niega. Si bien creí que este hecho había sido excepcional, terminé dándome cuenta (porque ayer durante el reinado me pasó exactamente lo mismo) que la realidad es así. Enseñanza de esto: No tomes como verdad aquello que no se te dice pensando serena y fríamente, mucho menos comentarlo aunque suene a anécdota curiosa.
  2. En Cusco reforcé que a las personas no se les puede prejuzgar. La idea de los caparazones que usamos para protegernos del daño exterior, no es solo cosa de adultos.
  3. Comprendí también que la unión hace la fuerza y que basta con querer hacer las cosas para poder conseguir lo que queramos. Ayer hicimos ganar a la reinita de mi salón y eso fue trabajo de todos. Bravo por los chicos de tercero de secundaria colegio Baden Powell.
  4. Comprendí y asumí de que por ser profesora soy ejemplo de muchos adolescentes y que aunque no me lo crea muy a menudo, existen varios que me admiran, por eso… A portarse bonito.
  5. Entendí de que los rumores pueden acabar con la reputación de una persona, por las ingenua e inocente que sea, y es que a mucha gente le gusta que le digan lo que quieren oír, y solo aceptan eso como verdad absoluta; aunque en el camino se lleven de por medio a personas probas.
  6. Me alegré porque uno de mis alumnos me dijo que fue algo muy bueno que llegara al colegio en donde le enseño, además de que soy una persona no recuerdo si linda, buena o algo similar. Me emocionó oír eso, aunque también me di cuenta de que a veces corres el riesgo de ser idealizado.
  7. Al respecto, observé que las personas ven lo que quieren ver y que muchas veces tergiversan la realidad según sus prejuicios o temores. Por eso lo mejor será tomar distancias, aunque la idea no me agrade.
  8. Finalmente, he comprendido de que ser mujer, profesora, hija, hermana, tía y ser humano a la vez es una tarea tan complicada que no sé cómo hacerlo aún, a pesar de tener 29 años (aunque en secreto me muero por tener 16 otra vez).

DSC02593

DSC02595

Cuando nuestros alumnos creen que son más…

violenciaenlaescuela¿Qué ocurre cuando nuestros alumnos se creen superiores a nosotros, sus profesores? ¿Qué pasa si te ha tocado trabajar con un grupo de alumnos en donde no falta un par de «desubicados» que piensa que si te ridiculizan en frente a todo el salón serán respetados? Pues pasa simplemente que te has encontrado con alumnos que se llevarán un duro, duro golpe cuando despierten de su fantasía.

Hoy me di cuenta de que la verdadera volubilidad de los adolecentes. Siempre me jacté de tener un grupo de alumnos, a los que por ciertos varios he visto crecer, homogéneo y maduro; sin embargo hoy fui testigo de cómo existen alumnos que creen que levantándole la voz a un profesor, respondiendo con una mueca equivalente a «me das asco» o mirándote con cara de que «si no fueras mi profesora te pego», pueden no solo conseguir lo que pretenden, sino que además suponen lograr que tú, profesor (a), le adjudiques el respeto que evidentemente no tienen.

Situaciones de este tipo me dan mucha pena, sé que lamentablemente estos alumnos son un reflejo exacto de lo que ven en casa y que quizá la influencia de elementos de sus alrededores los ha hecho convertirse en los «matoncitos» del aula; pero qué gana un hombre levantándole la voz a una mujer o hablando mal de ella… ABSOLUTAMENTE NADA.

Estoy próximo a realizar un viaje al que probablemente asistirán este tipo de alumnos, un viaje que por cierto va a tener que ser modificado por motivos de seguridad e inversión.  La verdad es que en mi egoísmo señalé que existía en el grupo alumnos que preferiría que no fueran al viaje porque sé lo que me espera en caso intenten hacer aquello que más les gusta, desobedecer y hacer lo que les da la gana (cosa que estoy más que segura). Es cierto que fui egoísta, soy egoísta con mi tiempo y con mi paciencia.

La verdad, también es que quiero paz. Quiero tranquilizarme y seguir adelante. En esta aula tengo alumnas maravillosas y más de un par de alumnos que también lo son. Este viaje tiene que ser un éxito porque estoy acostumbrada a hacer las cosas lo mejor que pueda, pero también es cierto que cantidad no implica calidad… Estoy en una disyuntiva qué hacer, cómo solucionar esto, cómo se logra convivir con alumnos que creen tener derechos los cuales buscan imponer a cualquier costo.

Me siento muy triste, trabajé hoy completamente desanimada. No fue un buen día, porque me enteré de cosas reprochables y también porque no participaré de las celebraciones por mi día. Quizá, finalmente, sea lo mejor.

PD: A veces quisiera ser como la profesora de la imagen (¡JA!) Comentario cruel.