¿Cómo matar a una abogada?

«Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar aptos para ellas».

John F. Kennedy

Se llamaba C. Era una jovencita muy vivaz, llena de energía y bastante elocuente, pero sobre todo, impetuosa. Siempre levantaba a voz para aclarar, precisar y sobre todo defender a sus compañeras que se quedaban calladas. Según me comentaron algunas de ella, no le importaba pelearse con otras alumnas por lo que ella creía. Si alguien hablaba mal de ella o de alguna de sus amigas, se peleaba; si se sentía atacada, se peleaba; si alguien molestaba a alguna de sus amiga, se peleaba… Me gusta pensar que si se peleaba con el mundo era por lo que creía justo y en eso, me recordaba mucho a mí.

En clases, cuando alguna de sus compañeras no presentaba algún trabajo o llegaba tarde del recreo, siempre levantaba la voz para defenderlas: «miss, ella no vino el miércoles porque su mamá estaba mal», «miss, no ha hecho la tarea porque estaba enferma», «miss, X ha llegado tardes porque la profesora Y la ha retenido», «miss, ¿puede hablar con X porque se siente mal?», etc. Así, se convirtió en la defensora del pueblo, la abogada de los pobres, en mi futura abogada.

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