Es hora de decir adiós…

Cerrar capítulos, pasar la página, despedirte de alguien, comprender que no va más, aceptar que has perdido, terminar con tu enamorado, darte cuenta que te equivocaste, separarte o hasta incluso tomar la decisión de bloquear a alguien que quieres en el FB, aunque suene superficial, ridículo o cursi… Aceptar que las cosas cambian y que a veces no toman el rumbo que quisiéramos, es duro y para algunos, es terriblemente doloroso.

Hace unos días conversaba con una amiga, sobre una situación nada agradable de unos mensajes muy ofensivos que empezaron a llegarme de la nada y sin motivo, y no porque no tenga enemigos, sino porque los que tengo pueden pagar un auto negro de lunas polarizadas o un asesino de guante blanco (entiéndase sicarios no tan chuscos). Sus palabras me hicieron aceptar algo que ya sabía, pero que no quería ver: «Pero si él es la razón de los mensajes y además ha sido tan inmaduro, por qué no lo sacas de todo. Empieza por sacarlo de tu FB»… «No puedo»… «¿No puedes o no quieres?»… «No puedo… Me da mucha pena».
Y no es que le tenga pena a esta persona en particular (la causante de una o de otra manera de los mensajes), sino me da pena por mí. Me da pena, me duele aceptar que me he equivocado. Me duele pensar que las cosas no van a ser como antes. Me duele haberlo juzgado, sin haberlo escuchado. Me duele porque sé que me diga lo que me diga no le voy a creer. Me duele que aunque sepa que no miento (hago berrinche, soy terca y odiosa, pero no mentirosa), no me crea a mí. Me duele haber perdido a un amigo al que quería tanto… Me duele… Me duele… Me duele. Ayer por la noche empecé a ordenar mi FB, su cuenta me hizo dudar. Finalmente la bloqueé. No quiero que me siga doliendo, no quiero leer cosas que me hagan daño, no quiero enterarme de comentarios que puedan hacerme odiar a alguien, no quiero. Decidí pasar la página y espero haber hecho lo correcto. Sigue leyendo «Es hora de decir adiós…»

Ebria de mar… Divagaciones

He pasado los últimos tres días y sus dos noches frente al mar. Durante el día podía sentir su brisa, con solo dar unos pasos fuera de mi habitación; y por la noche su sonido fue tan cercano que la invitación a visitarlo fue constante.

Hoy salí a caminar por sus orillas por última vez – al menos en lo que queda de mi visita a Ecuador– y no me importó que estuviera lloviendo. El agua cálida me relajó por completo y más aún cuando me topé con una cosita extraordinaria. Ahí en la arena, moviéndose camino al mar se hallaba  una tortuga bebé. Estaba inmóvil, hasta creí que estaba muerta, pero no; estaba camino a la orilla, para seguir con su destino. ¿Habrá perdido el camino? ¿Habrá sido la última en salir de su cascarón y la habrán dejado sola? No sé… Pero fue mágico para mí, tener una entre mis manos.

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YO TAMBIÉN VALGO…

Hace unos años, mientras paseaba por Crisol encontré un libro que llamó mi atención desde la portada. La mezcla de fucsia con morado y negro, me cautivó. Se llamaba La novia oscura y era la historia de Sayonara, una prostituta de un lugar imaginario llamado la Catunga. La historia de Sayonara me conmovió, y más aún la historia de su familia; sobre todo la de su hermano, que al ser encerrado en un hueco oscuro y humillado por militares que hicieron con él lo que les dio en gana, gritaba «soy humano, también valgo»; sin embargo estos gritos no sirvieron de nada, pues al final, se suicida, lo que trae consigo la desgracia que empuja a Sayonara a prostituirse. Este maravilloso libro, con el tipo de prosa que algún día me gustaría tener, se me extravió en un colegio de Los Olivos. Nunca supe en qué terminaba la historia de esta prostituta, de esta novia oscura.

Este post, no tiene nada que ver con novias ni prostitutas, tiene que ver con lo que gritaba incesantemente el hermano de Sayonara, que en mi caso sería «soy humana, también valgo». HE DICHO.

Durante toda mi vida siempre crecí a la sombra de alguien. Soy la hija mayor, la deseada, la querida, pero solapadamente rechazada por no ser hombre y arduamente criticada por ser reactiva. Esa soy yo, la bocona, gritona, arrogante, llorona, resentida… Pero inteligente, justa, bondadosa, buena amiga y afectuosa con quienes quiero. Sigue leyendo «YO TAMBIÉN VALGO…»