A mi pollito

La primera vez que vi a Daniela fue como la huella oscura de una ecografía que se realizó mi hermana en el cuarto mes de su embarazo. Era apenas una minúscula manchita, pero incluso desde antes que fuera concebida supe que sería alguien grandioso en mi vida.

 

Al ver que la posibilidad de ser madre se hace más lejana a medida que pasan los años, una sobrinita cubre mi necesidad de dar amor a una pequeña extensión de mí y por ahora, junto con mi madre, ocupan la prioridad en mi vida..

Mi pollito, como la llamo, es una niña tan llena de vida y energía que a veces se nos hace difícil, a todos en casa, seguirle el paso. Tiene una sonrisa que todo lo ilumina y una carita tan dulce que hace imposible enojarse con ella por mucho tiempo, en esto probablemente se parece a todos los niños, pero mi sobrina es excepcional.

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Mi dulce pollito…

Como bien saben soy profesora y a pesar de ser relativamente joven, no soy la profesora blanda y tiernita que quizá mucho creen. Como bien lo dijo una amiga que también es profesora: “A mí se me quiere a largo plazo”. Una recomendación común entre mis más avezados alumnos es “miss NUNCA tenga hijos”. Supongo que es porque creen que seré una mala madre.

En este preciso momento mi corazón está muy triste y hace una hora que no dejo de llorar. Sabía bien que este momento llegaría, pero no tan pronto y no tan de repente. Mi pequeña Daniela se ha mudado de casa hoy y por eso no puedo dejar de llorar.

Mi dulce pollito vivió conmigo dos años con un mes y veinte días, pero parece que hubiese sido mucho más tiempo.

Muchos se preguntarás por qué me afecta tanto, si no es mi hija; pero lo cierto es que ella es lo más cercano que tengo a una y que la quise desde el momento en que supe que vendría al mundo. Cosa que no sucedió con todos los miembros de mi familia.

Mi casa ahora está triste, ya no se oyen sus pasitos en el tercer piso y sé que cuando, de ahora en adelante, llegue a casa ya no me esperará su vocecita llamándome desde el tercer piso o sus abrazos y sus visitas inesperadas a mi habitación. Ya no me obligará a correr detrás de ella para jugar a las chapadas, ni se tirará en mi cama para ver televisión conmigo, no me quitará mi cifrut y dirá “mío” a todas las cosas que encuentra y que le gustan.

Mi pollito se ha ido y no la veré hasta el sábado o el domingo. No sé si será suficiente una tarde para nosotras.

Es increíble cómo un ser tan pequeñito puede cambiarnos la vida, porque eso es lo que hizo mi pollito, cambió mi vida y la llenó de color. Algo me aprieta el pecho y solo pasa cuando me pongo a llorar.

No puedo culpar a nadie porque sabía muy bien que este momento llegaría, aunque secretamente cruzaba mis dedos para que Danielita se quedara muchos años en casa y pueda verla crecer.

Mi mamá dice que volverán, que la cólera se le pasará y que mi hermana volverá más madura y centrada, que las cosas pasan por algo y que esto tenía que ser así. Espero que tenga razón.

Me voy a dormir triste y contando los días que faltan para verla.

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¡Te extraño, Pollito!