A mis 33

A mis treinta y tres años, siento que ya he vivido mucho, y aunque tal vez no sea tanto, todos los hechos acontecidos me han madurado el alma.

He aprendido que la vida está llena de contradicciones y que estas se hacen más evidentes, cuanto más tratan de ocultarse.

He aprendido que existen acciones que no se olvidan con un disculpa, aunque digamos lo contrario, aprovecharemos el menor descuido para recordar faltas pasadas.

Comprendo que la amistad como el amor no se fuerzan, pero que para mantener una relación de esta naturaleza es necesario el compromiso, perseverancia y entrega.

Me ha asombrado lo importante que es para algun@s guardar las apariencias, salvaguardar su imagen; aunque para eso tengan que valerse de mentiras, inventos y dejar los escrúpulos en el saco del olvido y de paso acallar la conciencia.

Me he dado cuenta de que en el fondo TOD@S somos egoístas y que escondemos tras un «piensa lo que quieras», un «solo me interesa lo que crea yo, yo y yo, y si no te gusta puedes irte a la mierda».

He aprendido a ser más paciente porque por mi familia necesito serlo, pero me he vuelto más intolerante con las estupidez que genera tanto ocio.

Comprendo ahora lo importante que es la familia y que defectuosa y todo, solo tenemos una; sin embargo, también he comprobado que vivir en familia no significa que esta exista en verdad. Sin compromiso, decisión y honestidad, una promesa tan fuerte como el matrimonio puede dejarse en el olvido.

Me he encontrado en el mundo con personas buenas y malas; pero he comprendido que lo que más abundan son personas que aparentan ser buenas, pero en el fondo son pérfidas, por decirlo menos.

He confirmado que la vanidad es algo tan poderoso que destruye afectos y amistades; pero más peligroso aún es juntar la vanidad con el orgullo, este último dañino, pero necesario.

He dormido en el suelo, he visto miles de estrellas, he caminado alto y me he caído innumerables veces. Me he quedado sin aire, me he perdido en la montaña y llorado de miedo… He aprendido tanto, creí que había perdido mucho, pero en verdad resulta que GANÉ MUCHO MUCHO MÁS.

A mis 33 me siento mejor que nunca y por ahora, sé que todo va a estar bien…

33-candles

Punto de quiebre

Si me detengo a analizar las características más resaltantes de mi maravillosa personalidad hay dos que debo destacar: mi terquedad excesiva y mi inexistente tolerancia a la frustración, rechazo o vergüenza. Cada una de estas se convierten un una bomba cuando intervienen en mi toma de decisiones y la cosa alcanza proporciones ingentes cuando actúan de a par y eso me ha ocurrido en varias oportunidades. Pero antes de perturbar con la descripción de las bochornosas situaciones por las que me han hecho pasar estar perturbaciones de mi personalidad, empezaré explicando cada una de ellas.

TERQUEDAD EXCESIVA

Me considero una persona muy perseverante, si quiero lograr algo lo intento una y otra vez hasta que finalmente lo alcanzo, sin embargo esta característica muy buena en mí (al menos eso considero) y que, con la motivación suficiente, me ha servido para alcanzar ciertas metas profesionales; ha degenerado en una terquedad ciega cuando considero que tengo la razón, lo que ocurre se resumen en un palabra NECEDAD. Cuando estoy segura de que tengo la razón, insisto e insisto y a pesar de que tengo todo en mi contra y sé que me voy a hundir por esa necedad, sigo insistiendo, y si soy obligada a tomar una dirección contraria a mi voluntad, me enojo y miro con ira, pues no concibo la idea de que me esté equivocando.

Esto me ha traído muchos problemas y sé, OJO, soy muy consciente de que es un gran defecto, de que está terriblemente mal, pero no puedo evitarlo. He intentado manejarlo, pero es algo más fuerte que yo, el solo intento me duele, literalmente, pues pareciera que la cabeza me va a estallar cuando estoy haciendo algo con lo que estoy de acuerdo.

INEXISTENTE TOLERANCIA A LA FRUTRACIÓN, RECHAZO O VERGÜENZA.

Muchas personas con las que he conversado alguna vez, consideran que soy una persona extrovertida, con un gran humor y mucho de que conversar; por ello no me creen cuando les digo que soy una persona TÍMIDA, pero la verdad es que lo soy, soy terriblemente tímida. Es probable que estas personas que han conversado conmigo, no se han dado cuenta de que son ellos los que me han empezado a hablar, porque yo nunca empiezo una conversación, salvo con mis alumnitos. Me da pavor de que me corten, no me quieran hablar o simplemente nos quedemos en un silencio tan incómodo que duele. Sigue leyendo «Punto de quiebre»

Martes, por qué martes…

Ayer tenía toda la intención de llegar a casa y sentarme a trabajar y avanzar algunas cosas pendientes con el Internet. Pero me venció el cansancio y no desperté hasta hoy a las cinco de la mañana.

Hoy me siento desmotivada, algo agobiada y bastante cansada. Será porque es martes y sé que tendré todo el día ocupado. Tenía planificado ir a las clases de Duilio e Ivon, pero no. volveré a casa y actualizaré todo lo que tengo que actualizar. Solo espero que la próxima semana que vuelva, aún sepa cómo subirme a un step.

En este preciso momento me preguntó, cómo puedo sentirme así este año. Recuerdo claramente que el año pasado, cuando terminaba, los lunes, cansada y agobiada, me animaba a mí misma con la cercanía de los martes. De igual manera se me pasaban los miércoles. Pero ahora es todo lo contrario. Definitivamente son ciclos. La vida tiene ciclos y creo que mi ciclo aquí llegó a su fin.

Como una relación desgastada en donde no tienes nada más que aportar y solo te afliges, así me siento HOY. Será porque el martes se me ha empozado con toda la tristeza en el alma y he sucumbido al desaliento. Será porque me ganaron la partida y porque no tengo más fichas para seguir jugando y no hay un salvador Huallullo que me dé más y más para seguir apostando (comentario que entenderán los que fueron a Cusco y jugaron 21 conmigo). Es así, este año aposté y perdí. Aposté y mostré todas mis cartas, ignorando a todos los ases que tenía en la palma de mi mano.

Me siento así, hoy martes. Perdida, cansada, agobiada, aburrida, me siento como reo que camina triste por la verde villa, pero entre todo esto me animo, porque mañana es miércoles y tengo que ver Los miserables, con personas que me harán sonreír.

Por ahora me basta con pensar en un agrio martes, seguido por un aliviador miércoles, no quiero pensar en jueves, y terminaré la semana con un viernes. Para ensayar el sábado y GANAR el domingo. Porque (y esto es para los chicos del concurso de danzas) aún así mi tercerito no gane, pusieron todo de su parte, y me sentiré igual de feliz, porque este año en el que pensé había perdido, resultó que al final termino ganando. Y esto es con mente positiva, porque aún faltan dos meses para terminar este afligido 2009.

¡2010, no sabes con qué ilusión y ansias te espero!