Mi Daniela ya tiene 7 años y tiene TDAH. Le diagnosticaron este trastorno a los 5 años, cuando a causa de que se escapaba del aula de inicial para ir a recorrer las instalaciones de su colegio, mentía en el kioskito y nunca estaba quieta, su profesora nos pidió evaluarla con un psicólogo.
En un primer momento pensamos que todos los problemas familiares que aquejaban a su nuestra disfuncional familia, nos estaban pasando factura con ella; sin embargo, las evaluaciones psicológicas que le hicieron, demostraron que además de los problemas de ansiedad, tenía TDAH. Desde ese momento empezaron las idas y venidas con Daniela.
No quisiera entrar en detalle de lo que están haciendo mal y lo que están haciendo bien con Daniela, pues es su madre quien decide sobre todas las acciones que se ejecutan con ella, pero quisiera compartir con quienes lean esto, algunas reflexiones que esta experiencia me ha dejado.
Los niños con TDAH son como un río desbordado que viaja a gran velocidad, pero sin rumbo; es deber de quienes los rodean, construirles el camino y encausarlos. Una familia desordenada, sin organización ni jerarquías definidas, jamás podrán hacer esto. Lo mismo ocurre en la escuela.
Daniela tiene TDAH y tiene una conducta desafiante oposicionista, por lo que, cree siempre tener la razón, levanta la voz, se enoja, no reconoce la autoridad y si no quiere hacer algo y quieren obligarla, les espera un gran trabajo, pues ella no cede con facilidad. No es una niña agresiva, es tosca. No es una niña mala, es muy cariñosa, pero no mide sus fuerzas, por lo que podría hacer daño a alguien mucho más débil y pequeño que ella y por su mismo trastorno, es propensa a golpear y golpearse mientras correo, salta o se mueve sin control.
En la escuela no le va bien, pues si bien su colegio tiene un grupo pequeño de alumnos, el sistema tradicional que trabajan (aunque me lo hayan negado en reiteradas oportunidades), hace que pasado el mediodía, ella haya llegado al límite de su aburrimiento y por más que tome su medicación, se niega a escribir o mirar la pizarra. Sobre todo si se trata de Matemática, pues, además de todo, tiene discalculia y detesta el curso. Sigue leyendo «El TDAH de Daniela»
