Bridget Jones… ¡Te amo!

Es domingo son las 12:45 del día  y no tengo conexión a Internet (Telefónica de….).

Aprovechando este día sin Internet me he lanzado sobre mi cama a ver televisión, gracias a Dios que tengo cable, si no estaría condenada a ver la enésima repetición de Rambo o algo similar.

Haciendo zapping me encuentro con la que es de lejos mi película favorita: El diario de Bridget Jones, y para mi suerte, están pasando las dos películas seguidas.

Recuerdo la primera vez que vi esta película, fue en el cine Planet del centro de Lina (por demás mi sala favorita) y en compañía de la que es ese entonces era mi amiga de cine: Silvia.

Ambas teníamos 22 ó 23 años, dato que no recuerdo con exactitud, pero sí recuerdo que la película nos impactó en extremo, y es que ambas nos sentimos identificadas con esta mujer, un tipo de antiheroína para todas las mujeres solteras que se pasan la vida buscando el amor.

Bridget Jones es una mujer de 33, con sobrepeso, facilidad para hacer el ridículo y como la mayoría de mujeres que conozco, dueña de una gran inseguridad, y en eso me incluyo.

Ahora, muchos años después no puedo evitar preguntarme, ¿por qué la mayoría de las mujeres somos tan inseguras? Recuerdo que en uno de los colegios en que trabajé, tuve una alumna que era demasiado hermosa: castaña, ojos verdes enormes, pestañas más grandes aún, con una cara de muñeca y cuerpo de modelo brasileña; no recuerdo su nombre, pero recuerdo que su enamorado era una chico simplón, que la engañaba (todo el colegio lo sabía) las veces que le daba la gana. Cuando le pregunté por qué soportaba una relación de ese tipo, si ella podía estar con el chico que quisiera, su respuesta me sorprendió: Estoy con él porque sé que me quiere a pesar de todo, y porque para él no soy tan perfecta como todos creen. Si busco otro chico lo más probable es que se acerque a mí solo por mi físico y yo no quiero que me quieran porque soy bonita, si no por lo que soy.

Y pensar que la mayoría de mujeres vamos al gimnasio, nos maquillamos, hacemos dietas y nos vestimos para vernos más lindas, para los demás; porque seamos sinceras, eso de “lo hago solo por mí” es solo un 50% del verdadero motivo. Salvo extrañas excepciones.

Bridget Jones es una mujer insegura que a pesar de eso busca ser feliz y el destino la recompensa con una maravilloso Mark Darcy, porque quién puede decir que Mark Darcy no es maravilloso: alto, apuesto, profesional, educado, maduro, serio y que la quiere “tal como es” (Just as you are); pero este hombre maravilloso, también la hace sentir insegura, ¿por qué? Porque la inseguridad es algo personal, porque somos nosotras las que decidimos ser inseguras, porque si somos inseguras es porque nos da la reverenda gana.

Es cierto que todas queremos que nos quiera, porque es lindo enamorarse, y es mejor aún sentirse amada, pero a veces el miedo al fracaso es más grande y más aterrador aún el sentirnos lastimados. He descubierto que a veces no somos capaces de decir exactamente lo que sentimos y nos callamos esperando a que el otro lo intuya, sin embargo lo más probable es que eso no pase o si es que sucede, se interprete algo completamente contrario a lo que intentamos demostrar.

A veces el temor nos hace actuar de maneras insospechadas y nos hace tomar decisiones que en el fondo no queremos, que nos llevan indudablemente a un final que no es el deseado.

Esto me hace recordar una rima de Bécquer:

«Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y enjuagó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: «¿Por qué callé aquel día?»
y ella dirá: «¿Por qué no lloré yo?»

En la película, Bridget ante la inseguridad que le ocasiona la presencia de una mujer más joven y hermosa que ella; y un Mark Darcy que no le demuestra que la quiere, de la manera que ella desea, rompe con él y se sume en la depresión, lo que la llevará a viajar con Daniel Cleaver (que es el típico estereotipo masculino que en algún momento comentaré), quien no la quiere ni la defiende en lo absoluto, para terminar encerrada en prisión, de donde la sacara el amor de su vida Mark Darcy, porque los caballeros aún existen, claro que sin caballos y espadas.

Si conseguimos a alguien que nos quiere tal como somos, que nos respeta, nos defiende y que soporta nuestras extravagancias y ridiculeces (que todas sin excepción poseemos), es muy probable que nos encontremos cerca del Mark Darcy que todas deseamos, porque seamos sinceras, podemos divertirnos con todos los Daniel Cleaver que queramos, pero al final nos quedamos con Mark.

Y es que los chicos malos son divertidos, pero familia, solo con los buenos…

Quiero uno exactamente igual...
Quiero uno exactamente igual...

PD: Si tú mi joven y querido(a) lector(a) no entiendes de qué cosa estoy hablando, te recomiendo que veas las dos películas de Bridget Jones, definitivamente insustituiblemente divertidas.

Pedrito y el lobo…

Cuando era niña, un cuento que llamó mi atención fue Pedrito y el lobo. Probablemente muchos de ustedes hayan tenido la oportunidad de leerlo; esta es la historia de un niño que se burlaba de los pastores de su comarca, pidiendo auxilio por la presencia de un lobo ausente. Cuando el lobo apareció en vivo y en directo, él pidió auxilio, pero nadie acudió en su ayuda. Finalmente, como sospecharán, el lobo se comió a Pedrito. FIN.

Con cuántos Pedritos (as) nos habremos encontrado en nuestra vida, que nos han mentido descaradamente, hasta que sus palabras se vuelven nulas o lo que es peor aún, con cuántos Pedritos(as) “pirateados” nos habremos cruzado, ese espécimen extraño que creímos oveja, pero en verdad era lobo(a). Como verán un dicho que relaciono con la historia de Pedrito es la del “lobo disfrazado de oveja”.

En estas últimas semanas he sido testigo de la transformación de una “supuesta oveja” en lobo malo. De esos lobos que te muestran las fauces con la única finalidad de comerte por entero, en este caso destruir tu imagen y lanzarla por los suelos, mezclando el engaño con la manipulación, los celos, para así aprovecharse del amor de otros.

Estamos tan ansiosos de amar que a veces confundimos ovejas con lobos(as) y nos creemos sus mentiras, corremos cuando gritan “LOBO” y al ver que se burlan en nuestras caras, pensamos que algún día cambiarán, que seremos capaces de lograr que este lobo(a) en verdad se convierta en oveja e insistimos en dar oportunidades cuando no las merecen, pero aún así masoquistas seguimos sembrando en terreno yerto.

Este año que mi corazón ha decidido tomarse unas largas vacaciones puedo ver las cosas con mayor objetividad, y solo me queda decirte a ti (que sabes muy bien quién eres) que los lobos(as) no cambian, no se convierten en ovejas y que lo más probable es que si oyes a Pedrito pedir ayuda, quizá te acerques a auxiliar al mismísimo lobo que está a la espera de comerte por entero, de tragarse tu autoestima, destruir tu amor propio, quitarte la alegría, absorber lo mejor de ti y que no te extrañe que cuando ya no tengas nada más que dar, te bote en el oscuro callejón del olvido.

Lobo malo, Pedrito mentiroso, oveja disfrazada… En general, todos representan lo mismo para mí: persona que se sabe amada y que se aprovecha egoístamente de este afecto para hacer con el ser amado lo que le dé la regalada gana. Pero cuídate, cuídate de poner en evidencia su disfraz, en mostrar una sombra de su verdadera careta o tirar al suelo su muy bien armado teatro… Cuídate porque soplará y soplará hasta tirar tu puerta por los suelos y te obligará a comer la manzana envenenada, para que te piques el dedo con el torno que te convertirá en sapo para dormir los próximos cien años….

Creo que para cuentos de hadas… ¡Es demasiado!

Cuando los ángeles lloran…

Hace ya varios años que conocí a una persona con la que empezamos una relación que a causa de la inmadurez mutua terminó en el fracaso; sin embargo, entre las muchas cosas malas que puedo enlistar con respecto a esta fugaz relación, rescaté algunas cosas buenas, entre ellas una afición por escuchar música de Maná. Afición que por cierto creí haber perdido, pero que se volvió a encenderse en el Bembos de Cusco.

Cuando regresé a casa de mi viaje, empecé a buscar canciones de Maná. Recuerdo muy bien las canciones que me encantaban e incluso una que me hacía llorar con solo escuchar el sonido de inicio Eres mi religión. Busqué, descargué, grabé en mi mp3 y me dispuse a escuchar, pero oía algunas y pasaba otras. Hoy, en un largísimo viaje de Surco a Los Olivos, me detuve a escuchar la canción Cuando los ángeles lloran… ¡Qué hermosa canción! El bajo, la batería, la flauta, las voces… Es una canción tan fuerte que incluso hizo que algunas lágrimas brotaran de mis ojos.

Como quedé interesada en la letra, empecé a averiguar y resulta que esta canción se hizo en memoria de Chico Mendes, un sindicalista brasileño que luchó por la protección del medio ambiente, en los 80. Lamentablemente fue asesinado a sangre fría, en frente de su casa un 22 de diciembre del 88 (cerca de navidad).

Como dice la canción «Fue un defensor y un ángel». Hermosa canción para un hombre ejemplar.

Para todos los que gustan de Maná, aquí les dejo una de sus mejores canciones. Desde hoy se convirtió en una de mis predilectas.

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El mundo en el que quiero vivir.

¿Alguna vez has sentido que este mundo es el lugar equivocado para ti? ¿Que algo no está bien contigo porque no te sientes a gusto en los lugares que frecuentas o el lugar donde te ha tocado vivir?

Cuando era niña creía que no era de este planeta. Tenía la secreta esperanza de que algún día, al más puro estilo de ET, alguien o algo vendría por mí y me llevaría a mi hogar. Tiempor después, al ver una película llamada Poltergeist, un  tererorífico «ya están aquí» hizo que pidiera que ser extraño alguno venga JAMÁS a llevarme consigo.

A diario en los diversos medios de comunicación que nos rodean, podemos ser testigos de las diferentes maneras como se presenta la inmundicia del alma humana. Es como si la maldad se expresara a través de algunas personas específicas. Es tanta la desdicha que nos rodea que no puedo dejar de sentirme compungida.

Una de las avenidas que más frecuento es la avenida la Marina, no por las discotecas, los restaurantes o Plaza san Miguel, lugar por el que paso mínimo tres veces por semana, sino porque el gimnasio, que soporta mis aires de diva por cierto, queda en este distrito. Cerca a este lugar he visto gente sumamente pobre vendiendo caramelos, ancianos y niños pidiendo una peuqueña colaboración, mujeres de provincia cargando a un recién nacido sin mucho abrigo, soportando el húmedo invierno del lugar. Pero lo más resaltante es la indiferencia que habita en el corazón de la gente que pasa por el lugar y ni siquiera se digna a mirarlos a la cara. ¿Será porque se sienten superiores? ¿Será porque tienen más dinero? ¿Por qué será que pasa esto?

Un día cuando salí con FAMCD, recuerdo que me entristeció en exceso ver a un anciano limpiando parabrisas. Como se puede hablar de una vejez digna en una situación similar a esta. Hacía tanto frío, el señor no tenía abrigo alguno y estoy segura de que tenía hambre. Recuerdo claramente que esa imagen me chocó, porque tengo madre y porque tengo alma. Cuando le hice el comentario, el indiferente con I mayúscula, me callo con un: «Qué habrá hecho en su vida y durante su juventud. Eso pasa por no aprovechar el tiempo. Seguro que se lo merece».

Los griegos creían en el destino, creían que este estaba escrito y que era una lucha inútil querer cambiarlo, de aquí la idea de que la esperanza sea una característica negativa para ellos. Soy de las personas que creen que cada uno labra su propio porvenir,  que día a día luchas por construirlo y solo de ti depende que te sea favorable. Sin embargo no puedo evitar sentir temor por lo que vendrá en el futuro. Temor porque las cosas no salgan como quiero y que termine caminando en reversa, cual desorientado y temeroso cangrejo. Pero a pesar de eso, no pierdo las esperanzas de que siempre nos espera algo mejor.

El mundo en el que quiero vivir y por el que siempre intento poner mi granito de arena, es un mundo en donde seamos concientes de que somos, todos hermanos yque como nación no hay manera de crecer si hacemos más grandes nuestras diferencias. Quiero vivir en un mundo donde se respete a los ancianos y  a las personas con capacidades diferentes, en donde se valore a los niños y se los proteja de quienes quieran hacerles daño. Quiero vivir en un mundo donde el dinero no domine a la justicia y en donde la verdad no se pueda comprar. Quiero vivir en un lugar en donde pueda criar a mis hijos y verlos crecer felices y en paz.

Finalmente quiero vivir en un lugar donde se valore a la gente por la calidad de su corazón.

Por esto trabajo, porque sé que puede hacerse, porque tengo 29 años y tengo fe en mi familia, en mi nación y que si todos nos lo proponemos podemos hacer de este, un mundo mejor porque solo juntos podemos lograr lo imposible.

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Es maravilloso encontrarse con una canción que nos haga reflexionar tanto.