Las amigas que perdí.

Alguna vez leí que a diferencia de la familia, los amigos son los hermanos que uno elige tener. Sabio. Nos pasamos la vida buscando personas que estén a nuestro lado y que nos acompañarán a cada paso que damos, aquellos que nos darán el hombro, nos secarán las lágrimas o nos buscarán papel tizzu para limpiarnos el moco, aquellas personas que serán parte de nuestra vida porque nosotros lo hemos decidido así. La verdad que más allá del amor, nos pasamos la vida buscando amigos verdaderos.

En este momento me pongo a pensar ¡qué difícil resulta a veces está búsqueda! Personalmente puedo contar a mis amigos con los dedos de una mano y evidentemente me sobra espacio. Las grandes dudas que vienen a mí en este momento son ¿es que soy tan mala amiga? o ¿será quizá que pido mucho a mis amigos?, ¿es que es tan costoso ser amigo(a) mía? o ¿será tal vez que soy muy exquisita?

Hace un par de años, exactamente en el 2007, empecé a frecuentar a un grupo de amigas con las que iba al gimnasio. Eran una excelente compañía, sin embargo a mediados de julio tuve un accidente y por eso tuve que alejarme. Ninguna de ellas me llamó para saber cómo estaba, solo una me llamó (varias veces, es verdad) para que la acompañara a una fiesta. Luego de una acalorada discusión acerca de la amistad, rompí con ellas cualquier contacto.

Mi mejor amiga, Sheyla (que actualmente vive en Canadá), sabiendo que me moría por verla en la primera visita que hizo al Perú desde el 2000, en lugar de llamarme a mí, prefirió llamar a su ex (el obsesivo ex del que finalmente se había librado). Me sentí traicionada, me enojé mucho y no conversamos desde esa época, hasta abril de este año en que regresó a Lima nuevamente, sin embargo nuestra amistad no fue la misma y creo (ojalá me equivoque) que no lo será.

Otra amiga cercana de la universidad se obsesionaba por sentirse siempre mejor que yo, en todo aspecto; y a pesar de que pensé que me apreciaba realmente, finalmente me di cuenta de que no era así. Desde una discusión que tuvimos en el 2006, que empezó con que ella había visto primero al que en ese momento era mi enamorado y terminó con todo el dinero que ella tiene y que supuestamente nunca podré tener, dejamos de dirigirnos la palabra y no hablamos hasta ahora. Honestamente dudo que lo hagamos nuevametne alguna vez.

En la nueva institución en la que estoy laborando tengo buenas compañeras, sin embargo no son amigas ni tampoco lo serán, no porque no quiera sino por la diferencia de prioridades.

A pesar de pasar o haber pasado mucho de mi tiempo con varias personas que alguna vez formaron parte de mi círculo de amigos (que ahora más que un círculo parece un anillo talla 4), actualmente no tengo contacto con la mayoría de ellos. La pregunta es ¿necesito amigos? Por un lado sí, porque te diviertes con ellos, pasan tiempo juntos y pueden conversar de cualquier cosa, sabiendo que se apoyarán.

Una amiga es aquella persona que está siempre a tu lado, que te aconseja y que estará pendiente si algo te ha pasado. Generalmente son personas que han pasado alguna parte importante de tu vida a tu lado, es por eso que se hacen imborrables.

Luego de 13 años de separación, durante las vacaciones largas me dediqué a buscar a varias de mis compañeras del colegio y terminé encontrándome con un grupo de ellas que eran mis amigas más cercanas de esa época, sin embargo, con ellas no he podido mantener una comunicación profunda. Por otro lado, encontré a una de mis compañeras, que durante la época del colegio pensé que me hablaba porque al ser yo medio nerd, iba a necesitar de alguien que le soplará las respuestas de los exámenes. La vida hizo que la encontrara  y que me diera con la sorpresa de que está en el extranjero y que le va muy, pero muy bien. Esta chica que pensé que se aprovechaba de mí en mi época escolar, me llamó desde Brasil y nos pasamos más de dos horas hablando por teléfono. Viene a Lima en diciembre para ver los detalles de su matrimonio, para mí será un honor ayudarla.

¿Por qué será que te tiende la mano la persona menos pensada? Ese día que conversé con ella me sentía completamente triste y sola. Rocío me alegró el día, y por eso se lo agradezco en el alma.

En mi vida he perdido varios amigos y creo que mucha de esa pérdida fue para bien, sin embargo de algo que no puedo dejar de arrepentirme es de no haber intentado mantener una relación más cordial con varias de las chicas de mi promoción. Ahora que he encontrado a varias de ellas, no pienso dejar que nos extraviemos nuevamente, porque sé que este grupo de chicas, se convirtió en el salvavidas de otras que como yo, deben sentir muchas veces que en se ahogan.

Ahora solo me queda y nos queda recuperar a esos grandiosos amigos que perdimos y buscar la manera de hacer mejor nuestra vida. Personalmente me encuentro en eso, aunque a veces, por no decir la mayoría, la apatía y depresión me ganan. Al menos por ahora tengo motivos para sonreír.

Con mucho cariño para las chicas de la promoción 96 del colegio Heroínas Toledo del Callao. Un beso enorme para cada una de ustedes.

La más sonriente de todas es Rocío, la más alta soy yo.
Este es solo un grupo de mi ex salón. Mi querido 5to C.

¿Es que todos necesitamos un psicólogo?

Hasta tus amigos me advirtieron de ti.
Hasta tus amigos me advirtieron de ti.

Hace apróximadamente cuatro año, conocí a una persona que llegó a ser muy especial en mi vida. Sin embargo aquello que comenzó como algo bonito y que aparentemente tenía futuro, se convirtió en algo extraño, para terminar siendo destructivo; cosa que por cierto yo no admitía, hasta que finalmente hice de «tripas corazón» y lo acepté.

Un mezcla de egocentrismo, orgullo excesivo y egoísmo hicieron que mi príncipe se convirtiera en sapo, frente a mis ojos, y aparentemente yo era a única que no lo veía, porque todo aquel que me conocía me aconsejaba terminar todo vínculo con el susodicho.

Finalmente, una pelea «estúpida» hizo que dejáramos de hablarnos durante varios meses, cosa que por cierto asumí sería para siempre. Pero me equivoqué.

Una amiga me dijo que los hombres eran como los perros que te orinan y creen que pueden volver en cualquier momento a buscar nuevamente el mismo punto donde dejaron la huella, esta afirmación tan gráfica, me dejó pensando y sí, tiene razón.

Muchas veces dejamos que personas no positivas, entren en nuestra vida y nos marquen con su influencia, eso se nota en el cambio de gustos, de ropa, de lectura, de pequeños detalles que antes eran solo tuyos, pero que ahora le pertenecen. Estas personas que absorven todo lo bueno que tienes y cuando ya no saben qué más quitarte… Te dejan. Cosa que por cierto deberíamos agradecer.

¿Qué pasa cuando esta persona regresa, como creyendo que nada ha pasado y que solo fue un tiempo de receso? ¿Dejaremos que ahora nos vuelvan a absorver la vida? ¿Qué nos vuelvan a hacer pedazos el autoestima? ¿Nos opanquen la alegría? Esa es una decisión que debemos tomar y por lo tanto, ser capaces de asumir las consecuencias.

Una persona negativa ha intentado regresar a mi vida, con las mismas exigencias que tenía hace seis meses y con las mismas expectativas de aquella época. Una persona que piensa qu epuede humillarme cuando le dé la gana y que el hecho de trabajar en lugares que no son A1, es una vergüenza; una persona que invierte tanto en su cerebro, que se le secó el corazón; una persona que me hizo trizas la confianza y la usó para alimentar su ego; una persona que me dice constantemente que no soy útil ni necesaria; una persona que me hizo sentir que no valía nada y que solo me hacía llorar y odiarme cada día más; una persona que me hizo buscar con urgencia un psicólogo para eliminar cualquier vestigio de su influencia.

Pero esta persona minúscula, insegura, llorona, ignorante, ingenua, tonta, sin riqueza, sin confianza, que trabaja en los Olivos y que vive en el Callao, te dice a ti FAMCD (tus tres nombres y tus dos apellidos) que no te quiere en su vida, que no te necesita, que nunca más permitirá que le envenenes el alma, porque no quiero estar a tu altura, porque quiero ser feliz.

FAMCD búscate un psicólogo… Psiquiatra mejor. Ojalá que la próxima ingenua que esté contigo consiga realmente llevarte a terapia, lamentablemente en eso fracasamos los dos.

¡ADIÓS!

Tacones lejanos

Mi mamá y yo el día de mi cumpleaños
Mi mamá y yo el día de mi cumpleaños

Cierta vez tuve una colega que me confesó haber sentido que odiaba a su madre en algún momento de su vida. Antes empezar a juzgarla, le pregunté el porqué de dicha afirmación tan fuerte y chocante, porque tengo que decir que yo siento un gran amor hacia la mía, al menos eso creo; mi colega, me confirmó que dicho sentimiento surgió cuando su madre pasaba por la menopausia y que literalmente se volvió INSOPORTABLE. Rogué en silencio que eso nunca le pasara a mi mamá y seguí adelante.

La verdad es que no mucho tiempo pasó para que viviera en carne propia lo que era tener ese encuentro de sentimientos con respecto a un ser al que desde el inicio de nuestra vida, nos han enseñado nos ama y que la debemos amar (no en vano repetimos de manera metódica “Mi mamá me ama”, “Mi mamá me mima” y “Amo a mi mamá”).

Hoy me puse a pensar en cómo me sentía yo con respecto a mi madre. Mi mamá tiene 52 años y no los aparenta (aunque en los últimos años se ha consumido un poco). Es graciosa, jovial, alegre, bondadosa, colaboradora y cocina muy bien; pero como todo ser humano tiene un defecto y muy grande, su  PESIMISMO.

Cuando decidí ser profesora (contrario a su deseo de que me convirtiera en abogada) se enojó, supongo que se sintió frustrada, y me auguró un patético y miserable futuro. Por eso no postulé a Educación, sino a Comunicación porque abogada como Laura Bozo, JAMÁS.

Muchos se preguntarán por qué no postular a Educación, si al fin y al cabo no iba a convertirme en la prometedora abogada que tanto deseaba mi madre, o al menos me estaba negando a serlo. Por una razón muy simple que tiene un sustento muy personal.

Cuando somos pequeños queremos que nuestra madre nos ame y queremos que nos lo demuestre. Pero ¿qué pasa si, por el contrario, sentimos que este ser que idolatramos quiere a otra persona más que a nosotros? Muy fácil: INSISTIMOS. Solo que mi insistencia se alargó por varios años. ¿Qué más me quedaba, si era muy distinta a ella, si es más, no parece mi mamá? (Tengo alumnos que aún insisten en que soy adoptada).

Esta necesidad de aprobación hizo que estudiara algo que no le desagradara ni a ella ni a mí. Quise equilibrio, mas no lo conseguí. La carrera no me hacía feliz, cuando quise dejarla a la mitad para seguir Educación, el casi infarto que le da a mi madre por la noticia, hizo que volviera a estudiar la tan mentada carrera. Cuando terminé llevé a mi mamá a mi graduación y hasta ahora ella tiene el anuario de recuerdo. Ella se emocionó y lloró por ese momento. Luego de un año sabático estudié Educación y finalmente cumplí lo que tanto quería. Nunca trabajé como comunicadora, siempre como profesora y ya tengo 9 años en este rubro.

Una colega me prestó una película y me vi reflejada en ella: “Tacones lejanos”. No es que mi madre estuviera lejana porque se iba de viaje, porque vivió siempre a nuestro lado y sacrificó parte de su vida en estar muy pendiente de nosotras (somos cuatro hermanas), pero la constante búsqueda de aprobación de la protagonista, es algo que yo sentí y siento (creo) aún en carne propia.

Me duele, me duele querer a mi madre porque me hace llorar. Me duele porque aunque, sé que me quiere, a veces insiste en demostrarme lo contrario. Y me molesto, porque no soy una adolescente y esto ya no debería hacerme daño, pero me lastima porque la quiero.

Mi madre es lejana a mí porque no la comprendo y ella no me comprende; lejana porque nunca será la hija mayor que tanto quiso (empezando porque nunca quiso una hija, sino un hijo); lejana porque todas mis virtudes no valen nada comparadas con mis defectos; lejana porque cuando quiero que me escuché está cansada y cuando quiero oírla, ella prefiera hablar con otra persona; lejana porque si quiero llevarla a un lugar que sé le divertirá, se detiene a ver cada defecto que encuentre; lejana porque si digo que no quiero oírla, soy indiferente; si no tengo hambre, soy una ingrata; si no consigo lo que me propongo, soy una perdedora; si quiero silencio, soy una amargada; si me preocupo en exceso por mi trabajo, soy una tonta; si le digo qué hay que hacer, soy una atrevida y si no se lo digo, soy una imprudente; si pago un gimnasio, soy una derrochadora y si me estreso por no hacer ejercicio, soy una floja; si no puedo pagar el recibo, porque no tengo plata, soy una tacaña, y también lo soy si pido que no gasten todo el saldo del teléfono en solo 20 días.

Me duele querer a mi madre porque intento no quererla y es muy difícil y en el intento solo me hago daño, porque ignorarla me quema y todo eso porque la amo, aunque ella no me lo crea.

Solo me queda respirar profundo, irme a dormir, olvidar todo y seguir adelante.

¿Me estaré volviendo vieja?

Hoy se celebró el día del maestro en el centro educativo donde vengo laborando ya seis años. Todos estaban emocionados, porque según me dijeron, el año pasado que fueron al mismo local se divirtieron a morir. Así que este año prometía, sin embargo yo estaba más interesada en la actuación que por ser tutora de quinto de secundaria, me involucraba de una u otra manera.

La actuación, si bien no salió como esperaba porque el audio era terrible, la participación de mis chicos fue divertida… Creo que a los profesores les gustó que los sacaran a bailar, que les pusieran música divertida y que les dieran cotillón, en un intento por hacer algo parecido a la hora loca. Cuando llegó la hora de partir al local, todos mis colegas se habían ido y me sentí fuertemente tentada a no asistir al evento, no tenía muchas ganas, además tenía la excusa perfecta… No conocía el local y como me quedé sola… Sin embargo recordé lo que un alumno me dijo: «Como pagué mi cuota, espero que se divierta» (jejeje… Materialista)

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Tomé un taxi y me dirigí al lugar en cuestión y desde el comienzo me desagradó… Habrían más de 400 personas (¿y dónde está la prevención por la gripe AH1N1?), pero el ruido excesivo hizo que en primera me doliera la cabeza. Entré y salí, lamentándome haber ido, sin embargo decidí darle una oportunidad al evento, que por cierto estaba divertido, sin embargo no me sentía cómoda.

Cómo extraño aquellas reuniones casi familiares que teníamos en el colegio, cuando nos sentábamos todos, comíamos y compartíamos como si fuéramos una familia… ¿Es que es necesario ir a un local tan ruidoso  para sentirnos bien? Ir a ese local implicaba que otros miembros del colegio no participaran de la celebración… Cuando hacíamos el evento en el colegio participaban todos, incluyendo los amables señores de mantenimiento.

Me terminé el pollo a la brasa y con el amargo sabor de un sorbo de cerveza, me retiré a mi casa, señalando el terrible dolor de cabeza y el agudo pitido que sentía en el oído. Es que a mis 29 se me vienen todos los achaques encima. No puedo evitar preguntarme ¿qué está mla conmigo? ¿Es que acaso me estoy volviendo una vieja o solo más tradicional? Lo meditaré mientra veo el fin de termporada de Grey’s Anatomy.

Por qué sentirse triste un día del maestro…

  1. Te sientes triste un día del maestro porque en los colegios en lugar de alumnos se ven solo billetes y por lo tanto al alumno no se le educa, se le mantiene en el colegio cueste lo que cueste.
  2. Te sientes triste un día del maestro porque existen docentes que dicen enseñar valores, pero que carecen de sinceridad y solo buscan encontrar la paja en el ojo ajeno.
  3. Te sientes triste un día del maestro porque tus alumnos están acostumbrados a mantenerlos contentos aunque esto ponga en juego su futuro.
  4. Te sientes triste un día del maestro porque te esfuerzas y te esfuerzas, pero esto no se valora.
  5. Te sientes triste un día del maestro porque tienes alumnos que creen que el ser exigente es un gran defecto y no una virtud.
  6. Te sientes triste un día del maestro porque tus alumnos saben que aprenden, te lo dicen, mas no comprenden lo importante que es eso.
  7. Te sientes triste un día del maestro porque tus padres no se involucran en la educación de tus hijos.
  8. Te sientes triste un día del maestro porque tú que nunca fuiste hipócrita, pero sí ingenuamente amable, tienes que sonreír a gente que te voltea la cara o te contesta con un simple «AH».
  9. Te sientes triste un día del maestro porque invertiste tanto en tu educación y te interesas tanto por mejorar, pero la educación en tu país parece quedarse en el mismo lugar.
  10. Te sientes triste un día del maestro porque no está en ti cambiar la mentalidad de toda una generación.
  11. Te sientes triste un día del maestro porque sabes que no soportarás y dejarás el centro donde trabajas, por lo que esos estudiantes que intentaste cambiar durante todo un año se quedarán inmersos en la misma situación, con profesores que evaden su responsabilidad con el único afán de caerle bien al alumnado.
  12. Te sientes triste un día del maestro porque las fuerzas no te alcanzan, porque ya no resiste, porque sufres e irónicamente recuerdas la primera vez que entraste en un aula y lo feliz que te hacía enseñar. Te siente triste porque recuerdas que empezaste en este sector por vocación y los que lo hacen por eso estamos en un lento y doloroso proceso de extinción.