Resignación 1

Mientras espero a que la doctora diga mi nombre y me invite a ingresar a su consultorio para revisar el interior de mi estómago, me doy cuenta de que estoy rodeada de personas con alguna dolencia. No hay nadie más joven que yo. Todos tienen el rostro que muestra desgaste, cansancio, apatía o simple resignación, y me doy cuenta de que yo también la tengo.
El cuerpo se me está desgastando y debo aceptar que eso es así, sobre todo cuando me duelen las articulaciones o encuentro alguna nueva «línea de expresión» en mi rostro.
Me pregunto si es justo, si en este momento en que me siento con tantas ganas de vivir, algunas dolencias me hagan parar la mano. Y así, pensando en esto, me doy cuenta de que debo resignarme.
Acabo de salir de la endoscopia. Me han dicho que descanse, porque como lo pedí, me sedaron… Lo único que vi fue el tubo, no muy delgado que metieron a mi estómago y que no generó dolor… Sino incomodidad. Debo resignarme a que algunos procedimientos son así.
Debo resignarme a esperar que se me pase el mareo del medicamento que me pusieron y a que mi hermana, a quien pedí que me acompañara, me dijera que no le confirmé (a pesar de que le dije hasta en 3 oportunidades) y que así, mareada, tendré que hacer todo sola.

Con cabeza de globo.

Kathy desde mi BB

ME AHOGO

Hace un par de días en una reunión, me dijeron que era muy comunicativa y que no me imaginaban estar sola sin tener con quien hablar. Nada tan lejano de la realidad, al menos en este momento en el que solo quiero silencio.

Quiero silencio porque me estoy ahogando en tanto ruido, ruido que me generan los prejuicios de otros, mi lealtad, las mentiras, las poses, el oportunismo y las reacciones de algunos.

Me ahogo porque no sé qué, cuándo, dónde, pero sobre todo cómo decir algunas cosas que tengo atoradas en la garganta y se quedan ahí hasta que se aplacan en mi pecho y me generan dolor.

Quisiera gritar que eres una mentirosa, mala amiga, hipócrita, desleal, insegura, cobarde, oportunista, conchud@, aprovechad@, arrogante, cínico, descortés, etc, etc, etc, a tantas personas, pero la buena conducta me lo impide y nuevamente me veo aquí, ahogándome.

En este momento quisiera salir corriendo, internarme en un lugar lejano, estar sola y solo prestar atención a mi voz y así encontrar en mí la respuesta a todas mis dudas. Hay tanto en juego, tantos pendientes. No sé qué hacer.

Me siento desprotegida, porque mi ancla se hundió en la arena de las inseguridades y el oleaje de los malos entendidos. Solo fue un momento de calma que ya se extinguió. Me duele, pero así se dieron las cosas y las debo de aceptar.

Ahora me encuentro aquí, completamente afligida. Me siento triste, no tengo aire, quiero paz…

Experiencia religiosa: Mi creencia personal

Una de los temas sobre los que constantemente querían conversar mis alumnos, era el de la religión. ¿Miss, es católica?, ¿Miss, cree en Dios?, eran preguntas que necesariamente me repetían todos los años.

Mi asunto con la religión es un tanto particular. Tengo la convicción de que Dios existe, que está en todos lados y que escucha, aunque a veces demora, cada cosa que he tenido que decirle en algún momento; sin embargo, no considero necesario estar en una capilla, iglesia, templo o como quieran llamarle, para sentir su presencia. Por eso, me irrita, fastidia, aburre que me insistan con el tema de los domingos, de ir a misa o de reiterarme la importancia de Dios en mi vida, porque eso YA LO SÉ. Es más, considero que la fe en la existencia de un padre bondadoso que observa y guía cada unos de nuestros pasos nos brinda la esperanza de un mañana. La teoría no la sé a precisión, no conozco sobre sacramentos, himnos o mandamientos, pero estoy convencida de que mi Padre quiere que sea feliz, bondadosa y que no haga daño a nadie; y Él que sabe todo lo que hay en mi corazón, sabe que me esfuerzo por actuar de la mejor manera que puedo, aunque a veces, no parezca. Sigue leyendo «Experiencia religiosa: Mi creencia personal»

Sueño y realidad

Te siento cerca, como si mi memoria se hubiera guardado tu olor para replicarlo esta noche. Mis ojos no quieren ver más allá de los tuyos y de tu sonrisa; esas que son solo mías.

Cierro los ojos y siento tus labios, tu palma en mi cara y tu abrazo infinito. No quiero despertar porque sé que te has ido, te busco y no te encuentro, te llamo y no contestas, no sé nada de ti.

Es solo en mis sueños que estoy a tu lado, por eso, hoy me negué a despertar con todas mis fuerzas, pero fue en vano.

Hoy tengo necesidad de verte, salir a buscarte y pedir que me abraces de nuevo. ¿Dónde te has ido? ¿Por qué no te encuentro?

Tengo sueño y no quiero dormir hasta tener la completa seguridad de que te encontraré en ese espacio que es solo nuestro, tu mundo que quiero volver mío, porque ahí estoy contigo. Ahí soy feliz.

SUSURROS

“Porque a veces un susurro no es más que un grito ahogado”.

(KJEF)

Se encuentran en un rincón, alejados de ti y a veces no los ves. Buscas sus ojos, pero no te dan la cara; sin embargo sonríen entre ellos, te miran de reojo y hablan tan quedo que sus palabras se pierden con el sonido del aire. No los oyes, pero sabes que hablan de ti.

Me ha pasado varias veces, esa sensación de que eres observado y que tu nombre se repite entre dientes, no sabes qué dicen, pero no debe ser nada bueno porque cuando al fin, luego de tanto buscar, tus ojos se cruzan con los suyos, el silencio más incómodo invade el ambiente.

Que alguien te susurre cosas al oído es romántico, que te cuenten algo con voz entrecortada y queda, te vuelve cómplice de los secretos más profundos que alguien ha decidido confiarte y esto genera un vínculo que fortalece la amistad; pero esos susurros que miran de reojo, que voltean, callan y ocultan aquello que tus labios no se atreven a pronunciar en voz alta, no es ni romántico ni señal de amistad, por el contrario, se contagia de la hediondez que acompaña todo acto traicionero, sobre todo cuando esto que parece casualidad, no es más parte de un acto que roza casi el exhibicionismo (impulso excesivo por llamar la atención y ser el centro de todo o todos).

Este breve post va dedicado a tod@s aquell@s que no se toman el tiempo de ver el roble que tienen en el propio ojo, pero no tienen reparos en contabilizar y exagerar todas las astillas que proliferan en el ojo ajeno. Aquellos que olvidan lo que significa la lealtad o que por un asunto de moda, quizás, olvidan que la amistad se constituye en las cosas sencillas que se comparten con el otro.

Si  a ti abruma y decepciona que una persona que fue receptor de tu afecto, ahora te dé la espalda para hablar quedo por los rincones, no te preocupes, no eres el único. Y si, tú, tú mismo… ME DECEPCIONAS (las explicaciones del caso en el próximo post).