¡Corrí, Dally, corrí!

Post dedicado a mi amiga Dally que al estilo Forest Gump me dijo: “Corre, Kathy, corre”.

Son las tres de la tarde y podría decir muchas cosas. Podría decir por ejemplo que no me duele ningún músculo de mi siempre bien contorneado y exuberante cuerpo latino (como se darán cuenta empiezo con las mentiras) o podría decir que llegué entre las 50 primeras personas o podría decir también que quiero inscribirme en otra maratón; pero como pueden estar suponiendo todo esto es mentira, salvo la última afirmación, fácil el próximo año vuelvo a correr.

¿Alguna vez te ha pasado que sabes que debes hacer algo y tu cuerpo se ha negado a hacerte caso? A mí, sí y específicamente hoy 13 de setiembre, día en que tenía que correr 5 miserables kilómetros, desperté con un punzante dolor en la rodilla derecha (rodilla que solo me duele cuando mi instructor cuerito de ciclyng decide hacer una rutina cardiaca, pero de código azul) y con los bronquios más constipados que de costumbre. Le dije a mi mamá que correría en una mini maratón y ella se rió, y no es que sea mala, es simplemente que las únicas veces que me ha visto correr han sido detrás de mi sobrina.

Llegué temprano al evento y recibí mi polito. Luego de comprar unas pilas en Tottus y dejar mis cosas en un casillero del GOLD de Megaplaza, me dispuse a empezar el calentamiento junto con toda la gente que se había inscrito en esta maratón.

El calentamiento fue más que muscular, visual. Miren al instructor que se encargó. Su nombre es Jorge y sí, es un cuero, mejor en persona. Jejeje.

 

Cuando empezó la carrera y ya había corrido, sí corrido poco más de un kilómetro, mis bronquios no resistieron y creí que me daría un ataque de asma, pero no fue así. Caminé hasta el letrerito que señalaba dos kilómetros y continué caminando varios metros más y así me la pasé toda la carrera entre correr y caminar. Aquí comprendí qué importante es ir al gimnasio, no solo por salud, bajar de peso entre otros, sino por la motivación. En estos momentos necesitaba un José Pérez que me dijera “¿Eso es todo lo que puedes correr?”, o un Duilio que me animara, muy a su estilo, con un “mira cómo se te chorrea la celulitis. Corre, car…”. Sin embargo ellos nos estaban ahí, así que tenía que animarme a mí misma. Volteaba y miraba que había gente que estaba en las mismas que yo, aún siendo mucho más jóvenes.

Finalmente llegué al kílómetro número cuatro y con el orgullo que me quedaba, corrí sin parar hasta la meta. ¡Qué bien me sentí bien luego de terminar! Desfalleciente, cansada, casi moribunda, pero bien.

Irónicamente cuando llegué a la meta me dieron un volante para participar en la carrera de RPP de 10 kilómetros MÍNIMO. ¡Nooooo! Esa, ni aunque el mismo Tom Hanks venga a decirme “Corre, Kathy, corre”, la hago. Al menos este año no. Quién sabe que puede pasar en el futuro.

Este año ha sido bueno para mí. Como me dice Dally, este es un año de retos y de desafíos. Las cosas van tomando forma poco a poco. Ordené mi clóset y saqué de mi vida todo aquello que no me servía. Finalmente tiré la basura que tenía almacenada y que no me decidía a eliminar. Luego de eso, todo está yendo mejor que antes. ¿Será cierto eso del karma? Parece que sí.

Ganar el concurso del que soy finalista, el próximo viernes, sería la cereza que coronara el exquisito helado en que se está convirtiendo mi año 2009.

Muchas gracias Dally por animarme a correr y sí pues, me duele cada músculo de la cadera para abajo de mi exuberante cuerpo latino (¡JA!) pero estoy sonriendo porque esto es algo que debí hacer hace mucho. La próxima la hacemos juntas.

Aquí podrán ver algunas fotos que tomé hoy.

Mentirosos patológicos

Mi sobrinita, Daniela (mi tierno pollito), tiene dos años y se ha vuelto es una pequeña máquina de manipulación. Basta un grito suyo para que todo el mundo corra a su alrededor. Es que es demasiado hermosa y tierna.

Pollito hermoso

Un de las características que he podido distinguir en su ya peculiar carácter es que la pequeña no sabe mentir, cada vez que lo hace se ríe en exceso, cosa que por cierto la delata.

Me pregunto cuántas veces habré hecho uso de las mentiras para salir airosa de algún problema o salirme con la mía. Soy consciente que durante mi vida escolar he mentido en varias oportunidades, por ejemplo la típica mentira de “estoy con mi periodo” para no hacer educación física (en mi época hacíamos gimnasia en taburete o viga de equilibrio), o un “ya hice mi tarea” a mi mamá para que dejara de preguntar por lo mismo, o quizá un “no sé la respuesta” para evitar soplar durante el examen.

La peor mentira en mi vida escolar consistió en cambiar la portada y carátula del cuaderno de Educación Familiar para hacer creer a la profesora que ya había revisado mi tarea. Cosa de la que por cierto ahora me arrepiento. Y es que cuando uno crece se da cuenta de que las mentiras son algo negativo.

Por otro lado, tenemos a las casi mentiras, aquella afirmaciones que hacemos por malos entendidos, o peor aún aquella información que manipulamos para hacer quedar mal a otra persona y vernos investidos con el aura de héroe o heroína, escondiendo en lo más profundo las intenciones que nos hacen actuar de una manera o de otra. Son de estas mentiras de las que quiero comentar.

Hace más de una hora me acusaron de manipuladora y de manera indirecta de mentirosa, por un post que publiqué y que luego de ser revisado minuciosamente, veo que es inofensivo. Manipuladora porque cambio la verdad a mi antojo y porque busco destruir reputaciones, supuestamente.

No recuerdo qué evento motivo a que decidiera dejar de decir mentiras y decir siempre la verdad. Motivo por el cual, es cierto, he tenido algunos problemas. Y es que a nadie le gusta que le digan su verdad y menos en su cara.

Mi inofensivo post se supone puede traer serias consecuencias e incluso el individuo este, jura tener el poder para hacer cerrar mi blog para siempre (acabo de recordar que mi blog está en un servidor de pago en Colombia, por lo que este cierre intempestivo es imposible ), pero la verdad es que poner nombre a aquellos de quienes opinas puede generar algunos problemas, sobre todo a aquellos que intentan mantener una reputación intachable, claro ejemplo de eso es nuestro barrigudo Presidente de la República.

El título de este blog es Reflexiones interiores, porque es lo que necesito hacer, reflexionar sobre las cosas que me pasan, sean buenas o algunas malas, sin embargo quienes han conversado conmigo saben que no miento, saben también que no hablo mal de otros (porque todo en este mundo regresa y golpea contra tu propia cara), saben también de que si bien es cierto soy explosiva y arrogante  me esfuerzo por ser una buena persona, incapaz de llamar a una ex y decirle por internet que lo del niño en espera es una mentira, cuando es verdad (supuestamente). Jamás negaría un hijo.

Y si bien es cierto que en algún momento de cólera excesiva deseé que la gente que me hizo daño sufriera de una forma u otra, les deseo paz y felicidad en la actualidad, y para eso no tengo que intentar confundir o amedrentar a una persona mayor (decirle a mi madre que mi vida estaba en peligro, fue un exceso).

La felicidad de otros no me hace infeliz, porque yo no creo que “la felicidad apesté” (como me lo mencionó alguien alguna vez) sino que la felicidad se debe contagiar, al menos la alegría. Me siento contenta con las cosas que estoy haciendo en la actualidad, y si bien no muy satisfecha de cómo se van realizando otras, sé que todo a futuro será mucho mejor.

Por el momento no requiero de un Pepe grillo que funja de conciencia, la mía aún está en uso, algo gastadita pero útil.

Gran nariz, gran mentiroso.
Gran nariz, gran mentiroso.