Empujar hasta el límite

«No hay dos palabras más dañinas en el español que BUEN TRABAJO» (Terence Fletcher – Whiplash).

Hace un par de días vi Whiplash, después de que una querida amiga me hiciera prometer que la vería, pues estaba segura que me gustaría. No se equivocó. No pasaron ni 15 minutos para estar totalmente de acuerdo con el Óscar ganado por J.K. Simmons. Una gran historia, por lo que les recomiendo verla.

Algo que me gustó mucho es que me hizo analizar el rol que tenemos aquellos que formamos personas, aquellos que nos dedicamos de una u otro manera a la docencia.

Siempre me he considerado una maestra exigente, pues me opongo a aceptar la mediocridad, pero he sido condescendiente con quien lo necesitaba e incluso hasta un nivel casi maternal.

El personaje de Simmons expresa una filosofía de excelencia que ha llamado profundamente mi atención y ha hecho que me analice a mí misma, como estudiante. ¿Es que acaso no nos enseña más quien nos exige al máximo? ¿No extraemos lo mejor de nosotros mismos cuando nos encontramos sin salida? «Presiono a a gente más allá de lo que se espera de ella», dice Terence Fletcher, un maestro tan temido como requerido, quien está convencido de que el verdadero talento no se dará por vencido nunca y buscará la perfección, aun a costa del daño personal, lo que se evidencia en la relación con su pupilo, quien no se detendrá aunque le sangren las manos. Una relación medio sádica, pero llena de respeto y admiración, mutua. Sigue leyendo «Empujar hasta el límite»

Boicoteo emocional

La opinión de los demás sobre ti no tiene que volverse tu realidad.

Desde pequeños pasamos gran parte del tiempo escuchando aquello que hacemos mal : si duermes mucho, eres ocioso; si tomas más tiempo del programado en hacer una u otra cosa, eres lento; si cometes un error, eres torpe; si preguntas el porqué de algunas afirmaciones, eres malcriado y si desarmar las cosas, un destructor. Así, nos pasamos el mejor momento de aprendizaje que tenemos en nuestra vida, aprendiendo que somos unos buenos para nada y que no merecemos reconocimiento por todo lo bueno que hacemos, pues los errores pesan mucho más; y como es lógico, nos pasamos la vida buscando el reconocimiento de quienes nos convencieron que no lo merecíamos, por diversos motivos, algunos más dañinos que otros. Sigue leyendo «Boicoteo emocional»

A mis 33

A mis treinta y tres años, siento que ya he vivido mucho, y aunque tal vez no sea tanto, todos los hechos acontecidos me han madurado el alma.

He aprendido que la vida está llena de contradicciones y que estas se hacen más evidentes, cuanto más tratan de ocultarse.

He aprendido que existen acciones que no se olvidan con un disculpa, aunque digamos lo contrario, aprovecharemos el menor descuido para recordar faltas pasadas.

Comprendo que la amistad como el amor no se fuerzan, pero que para mantener una relación de esta naturaleza es necesario el compromiso, perseverancia y entrega.

Me ha asombrado lo importante que es para algun@s guardar las apariencias, salvaguardar su imagen; aunque para eso tengan que valerse de mentiras, inventos y dejar los escrúpulos en el saco del olvido y de paso acallar la conciencia.

Me he dado cuenta de que en el fondo TOD@S somos egoístas y que escondemos tras un «piensa lo que quieras», un «solo me interesa lo que crea yo, yo y yo, y si no te gusta puedes irte a la mierda».

He aprendido a ser más paciente porque por mi familia necesito serlo, pero me he vuelto más intolerante con las estupidez que genera tanto ocio.

Comprendo ahora lo importante que es la familia y que defectuosa y todo, solo tenemos una; sin embargo, también he comprobado que vivir en familia no significa que esta exista en verdad. Sin compromiso, decisión y honestidad, una promesa tan fuerte como el matrimonio puede dejarse en el olvido.

Me he encontrado en el mundo con personas buenas y malas; pero he comprendido que lo que más abundan son personas que aparentan ser buenas, pero en el fondo son pérfidas, por decirlo menos.

He confirmado que la vanidad es algo tan poderoso que destruye afectos y amistades; pero más peligroso aún es juntar la vanidad con el orgullo, este último dañino, pero necesario.

He dormido en el suelo, he visto miles de estrellas, he caminado alto y me he caído innumerables veces. Me he quedado sin aire, me he perdido en la montaña y llorado de miedo… He aprendido tanto, creí que había perdido mucho, pero en verdad resulta que GANÉ MUCHO MUCHO MÁS.

A mis 33 me siento mejor que nunca y por ahora, sé que todo va a estar bien…

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Experiencia religiosa: Mi creencia personal

Una de los temas sobre los que constantemente querían conversar mis alumnos, era el de la religión. ¿Miss, es católica?, ¿Miss, cree en Dios?, eran preguntas que necesariamente me repetían todos los años.

Mi asunto con la religión es un tanto particular. Tengo la convicción de que Dios existe, que está en todos lados y que escucha, aunque a veces demora, cada cosa que he tenido que decirle en algún momento; sin embargo, no considero necesario estar en una capilla, iglesia, templo o como quieran llamarle, para sentir su presencia. Por eso, me irrita, fastidia, aburre que me insistan con el tema de los domingos, de ir a misa o de reiterarme la importancia de Dios en mi vida, porque eso YA LO SÉ. Es más, considero que la fe en la existencia de un padre bondadoso que observa y guía cada unos de nuestros pasos nos brinda la esperanza de un mañana. La teoría no la sé a precisión, no conozco sobre sacramentos, himnos o mandamientos, pero estoy convencida de que mi Padre quiere que sea feliz, bondadosa y que no haga daño a nadie; y Él que sabe todo lo que hay en mi corazón, sabe que me esfuerzo por actuar de la mejor manera que puedo, aunque a veces, no parezca. Sigue leyendo «Experiencia religiosa: Mi creencia personal»

A mis 30

Este año significa mucho para mí porque han pasado 30 años desde que abrí los ojos en este mundo por primera vez. Cada año ha pasado más rápido que el anterior, pero a pesar de eso cada uno de ellos no se han negado a dejarme enseñanzas que se confabulan en la persona que en este momento soy.

A mis treinta me he convencido de que la felicidad es transitoria y querer fingir que eso es mentira solo nos hace frustrarnos. Si la felicidad es efímera, hay que sacarle el jugo a esos pequeños momentos felices que se nos presentan.

He aprendido que la familia, imperfecta y conflictiva, es tuya y que es difícil que no se acerquen a darte la mano cuando te ven llorar.

He aprendido que el trabajo es gratificante, pero también sufrible, pero que si se hace por vocación, a pesar de todo es satisfactorio.

He aprendido entre tanta gente egoísta todavía existen personas que creen y aman a los demás, y que por lo tanto no pierden la oportunidad de ayudar.

Me he convencido de que hay mucha hipocresía en este mundo y que muy a mi pesar, esta no es solo cosa de adultos. También, aseguro que esta sociedad es un agente infeccioso y que día a día nos enferma. ¡Cuánto dinero deben tener los psiquiatras, psicólogos y psicoanalistas!

A mis treinta he hecho caminatas de más de treinta cuadras bien sea para matar el tiempo o por alguna huelga pro baja en el precio del combustible (gracias, señor chofer de combi). He corrido en dos maratones (bueno, caminado, pero igual cuenta) y he montado bicicleta por más de dos horas seguidas (máster de ciclyng). He escalado cataratas y me he resbalado de ellas, también, he conocido Macchu Picchu, pero no he subido al Huayna Picchu (será para la próxima). Me he embriagado tomando vino y mezclándolo con ron o chelas, motivo por el que la rubia ha salido de mi vida para siempre (eso creo). Sigue leyendo «A mis 30»