¿Cómo matar a una abogada?

«Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar aptos para ellas».

John F. Kennedy

Se llamaba C. Era una jovencita muy vivaz, llena de energía y bastante elocuente, pero sobre todo, impetuosa. Siempre levantaba a voz para aclarar, precisar y sobre todo defender a sus compañeras que se quedaban calladas. Según me comentaron algunas de ella, no le importaba pelearse con otras alumnas por lo que ella creía. Si alguien hablaba mal de ella o de alguna de sus amigas, se peleaba; si se sentía atacada, se peleaba; si alguien molestaba a alguna de sus amiga, se peleaba… Me gusta pensar que si se peleaba con el mundo era por lo que creía justo y en eso, me recordaba mucho a mí.

En clases, cuando alguna de sus compañeras no presentaba algún trabajo o llegaba tarde del recreo, siempre levantaba la voz para defenderlas: «miss, ella no vino el miércoles porque su mamá estaba mal», «miss, no ha hecho la tarea porque estaba enferma», «miss, X ha llegado tardes porque la profesora Y la ha retenido», «miss, ¿puede hablar con X porque se siente mal?», etc. Así, se convirtió en la defensora del pueblo, la abogada de los pobres, en mi futura abogada.

Sigue leyendo «¿Cómo matar a una abogada?»

Silencio

El camino a todo lo grandioso pasa por guardar silencio.

Friedrich Nietzsche

Una de las cosas que más detesto, es el ruido. Me fastidia, me agobia, me estresa, me frustra, me desespera e incluso me hace llorar; sin embargo, trabajo en un colegio, espacio que se caracteriza por el ruido, las voces, los murmullos; mientras que en sesiones debo escuchar a niños gritar, llorar o hablar muy fuerte. A pesar de la afirmación inicial, estos ruidos no me agobian; fastidian, sí, pero no desesperan.

Como podrá adivinarse, una de las cosas que más amo es el silencio. Me calma, me relaja, permite que me ordene, que piense, que pueda dormir, que mi mente caiga en un vacío en donde solo oigo aquello que quiero. Quizá por eso valoro tanto vivir sola. Quizá por eso me gusta tanto trabajar de madrugada, porque cuando toda la ciudad duerme y puedo incluso oír el mar, me siento liberada y mi mente puede volar… A eso llamo libertad.