¿Qué me hizo feliz de Cusco?

Post dedicado a mis alumnos de la promoción 2009 del colegio Baden Powell.

Existen momentos en la vida que se graban eternamente en tu mente y en el corazón. Todas nuestras primeras veces (primer beso, primer trabajo, primer enamorado…) forman parte ineludible de nuestra personalidad y motivan, en muchos casos, el desarrollo de nuestro destino.

Este último fin de semana por primera vez en mi vida me subí a un avión y me dirigí a uno de los lugares más hermosos que tiene mi país: Cusco. Pero más allá de la historia, el misticismo, la emoción, la cultura,entre otros, este viaje fue un momento de descubrir. De descubrir que se puede ser feliz con una sonrisa, con un juego de cartas, con subir una pendiente alta, con tomarse una fotos, con regatear  los precios o ayudar a realizar compras que no son para ti.

Descubrí también que muchas veces, las personas no son como las imaginamos, porque el parco y callado puede sonreír y mostrar dicha; el acartonado inflexible, puede hacer bromas e incluso bailar; porque la despistada y apática alumna, puede renegar para defenderte y la que tú creías arrogante, en verdad es sencilla e inocente.

Durante estos cuatro días que estuve en Cusco, descubrí que esta será la primera promoción a la que en verdad me dolerá ver partir, porque de solo imaginarlo siento un vacío en el pecho y una punzada aguda en el corazón. Cuando llegue diciembre y vea a mi promoción (Stella Magna) partir, ya veremos qué sentimientos me envuelven.

Cusco para mí fue una de las experiencias más bellas de mi vida, no solo por los hermosos paisajes, la lluvia incesante, los vientos misteriosos y la magia imperante; sino porque (aunque parezca atrevido) descubrí que puedo ser capaz de sentir un gran afecto en poco tiempo, porque me descubrí sensible y porque, a pesar del “excesivo equipaje”, me divertí mucho, aprendiendo a querer más a mis alumnos.

Gracias a mis chicos de la promoción Martin Luther King por darme cuatro días dicha, por alegrarme con sus sonrisas, por enseñarme a jugar 21, por burlarse de mí cuando perdí dinero en dicho juego, por solidarizarse conmigo cuando el viento se llevó mi sombrero, por apoyarme moralmente cuando tuve que cargar con el “excesivo equipaje”, por hacerme reír con sus travesuras, por invitarme a su pijamada, por recorrer los caminos conmigo, por tomarme fotos, por caminar a mi lado, por hacerme extrañarlos tanto, aunque todavía no se han ido, pero sé que en algún momento lo harán.

Gracias por mostrarme que Cusco pudo, puede y podrá ser maravillosa para mí siempre.

PD: Me faltan más fotos, pero hoy (miércoles 07/10) no sé dónde está mi cámara… Mañana (feriado feliz) actualizo con mis mejores tomas…

Demasiado hermoso para ser real…

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Atrévete a escribir el cambio – EnseñaPerú from Xtremos por Naturaleza on Vimeo.

Yo quiero… ¿Tú, no?

Mi dulce pollito…

Como bien saben soy profesora y a pesar de ser relativamente joven, no soy la profesora blanda y tiernita que quizá mucho creen. Como bien lo dijo una amiga que también es profesora: “A mí se me quiere a largo plazo”. Una recomendación común entre mis más avezados alumnos es “miss NUNCA tenga hijos”. Supongo que es porque creen que seré una mala madre.

En este preciso momento mi corazón está muy triste y hace una hora que no dejo de llorar. Sabía bien que este momento llegaría, pero no tan pronto y no tan de repente. Mi pequeña Daniela se ha mudado de casa hoy y por eso no puedo dejar de llorar.

Mi dulce pollito vivió conmigo dos años con un mes y veinte días, pero parece que hubiese sido mucho más tiempo.

Muchos se preguntarás por qué me afecta tanto, si no es mi hija; pero lo cierto es que ella es lo más cercano que tengo a una y que la quise desde el momento en que supe que vendría al mundo. Cosa que no sucedió con todos los miembros de mi familia.

Mi casa ahora está triste, ya no se oyen sus pasitos en el tercer piso y sé que cuando, de ahora en adelante, llegue a casa ya no me esperará su vocecita llamándome desde el tercer piso o sus abrazos y sus visitas inesperadas a mi habitación. Ya no me obligará a correr detrás de ella para jugar a las chapadas, ni se tirará en mi cama para ver televisión conmigo, no me quitará mi cifrut y dirá “mío” a todas las cosas que encuentra y que le gustan.

Mi pollito se ha ido y no la veré hasta el sábado o el domingo. No sé si será suficiente una tarde para nosotras.

Es increíble cómo un ser tan pequeñito puede cambiarnos la vida, porque eso es lo que hizo mi pollito, cambió mi vida y la llenó de color. Algo me aprieta el pecho y solo pasa cuando me pongo a llorar.

No puedo culpar a nadie porque sabía muy bien que este momento llegaría, aunque secretamente cruzaba mis dedos para que Danielita se quedara muchos años en casa y pueda verla crecer.

Mi mamá dice que volverán, que la cólera se le pasará y que mi hermana volverá más madura y centrada, que las cosas pasan por algo y que esto tenía que ser así. Espero que tenga razón.

Me voy a dormir triste y contando los días que faltan para verla.

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¡Te extraño, Pollito!

¡Corrí, Dally, corrí!

Post dedicado a mi amiga Dally que al estilo Forest Gump me dijo: “Corre, Kathy, corre”.

Son las tres de la tarde y podría decir muchas cosas. Podría decir por ejemplo que no me duele ningún músculo de mi siempre bien contorneado y exuberante cuerpo latino (como se darán cuenta empiezo con las mentiras) o podría decir que llegué entre las 50 primeras personas o podría decir también que quiero inscribirme en otra maratón; pero como pueden estar suponiendo todo esto es mentira, salvo la última afirmación, fácil el próximo año vuelvo a correr.

¿Alguna vez te ha pasado que sabes que debes hacer algo y tu cuerpo se ha negado a hacerte caso? A mí, sí y específicamente hoy 13 de setiembre, día en que tenía que correr 5 miserables kilómetros, desperté con un punzante dolor en la rodilla derecha (rodilla que solo me duele cuando mi instructor cuerito de ciclyng decide hacer una rutina cardiaca, pero de código azul) y con los bronquios más constipados que de costumbre. Le dije a mi mamá que correría en una mini maratón y ella se rió, y no es que sea mala, es simplemente que las únicas veces que me ha visto correr han sido detrás de mi sobrina.

Llegué temprano al evento y recibí mi polito. Luego de comprar unas pilas en Tottus y dejar mis cosas en un casillero del GOLD de Megaplaza, me dispuse a empezar el calentamiento junto con toda la gente que se había inscrito en esta maratón.

El calentamiento fue más que muscular, visual. Miren al instructor que se encargó. Su nombre es Jorge y sí, es un cuero, mejor en persona. Jejeje.

 

Cuando empezó la carrera y ya había corrido, sí corrido poco más de un kilómetro, mis bronquios no resistieron y creí que me daría un ataque de asma, pero no fue así. Caminé hasta el letrerito que señalaba dos kilómetros y continué caminando varios metros más y así me la pasé toda la carrera entre correr y caminar. Aquí comprendí qué importante es ir al gimnasio, no solo por salud, bajar de peso entre otros, sino por la motivación. En estos momentos necesitaba un José Pérez que me dijera “¿Eso es todo lo que puedes correr?”, o un Duilio que me animara, muy a su estilo, con un “mira cómo se te chorrea la celulitis. Corre, car…”. Sin embargo ellos nos estaban ahí, así que tenía que animarme a mí misma. Volteaba y miraba que había gente que estaba en las mismas que yo, aún siendo mucho más jóvenes.

Finalmente llegué al kílómetro número cuatro y con el orgullo que me quedaba, corrí sin parar hasta la meta. ¡Qué bien me sentí bien luego de terminar! Desfalleciente, cansada, casi moribunda, pero bien.

Irónicamente cuando llegué a la meta me dieron un volante para participar en la carrera de RPP de 10 kilómetros MÍNIMO. ¡Nooooo! Esa, ni aunque el mismo Tom Hanks venga a decirme “Corre, Kathy, corre”, la hago. Al menos este año no. Quién sabe que puede pasar en el futuro.

Este año ha sido bueno para mí. Como me dice Dally, este es un año de retos y de desafíos. Las cosas van tomando forma poco a poco. Ordené mi clóset y saqué de mi vida todo aquello que no me servía. Finalmente tiré la basura que tenía almacenada y que no me decidía a eliminar. Luego de eso, todo está yendo mejor que antes. ¿Será cierto eso del karma? Parece que sí.

Ganar el concurso del que soy finalista, el próximo viernes, sería la cereza que coronara el exquisito helado en que se está convirtiendo mi año 2009.

Muchas gracias Dally por animarme a correr y sí pues, me duele cada músculo de la cadera para abajo de mi exuberante cuerpo latino (¡JA!) pero estoy sonriendo porque esto es algo que debí hacer hace mucho. La próxima la hacemos juntas.

Aquí podrán ver algunas fotos que tomé hoy.