Un malestar general, dolor de cabeza y algo de fiebre invadieron mi cuerpo, desde la mañana de ayer. Asumo que algún virus extraño me invadió mientras me transportaba al trabajo, pues fue ahí donde empecé a sentirme alicaída. Y así estuve, adolorida, fastidiada y quejumbrosa hasta que un gentil farmacólogo de FASA me dio un par de pastillas que hicieron que me despertara ya mejor. Sin embargo, aún así, no he ido a trabajar hoy.
Como ya es mi costumbre, desde un tiempo a esta parte, veo telenovelas y en las dos que me distraen vi algo común, la presencia de la enfermedad que consume, agrieta y atormenta el alma; esa enfermedad que hace que nos convirtamos en personas que no queremos y nos hace actuar como anormales; esa enfermedad de la que se cuidan, o al menos lo intentan, solo aquellos que han sido destruidos por ella y que aprendieron a blindarse contra su influencia, maligna para algunos, celestial para otros. Me refiero al AMOR, pues como dijo Calamaro: Tu amor es mi enfermedad.
¿Por qué el amor a veces nos vuelve estúpidos? A veces se siente como estar afiebrado y somnoliento, como si todo pasara en cámara lenta y no supieras bien lo que dices o te dicen. Te vuelves ciego, sordo y a veces mudo, ves lo que quieres, oyes lo que te da la gana y no reaccionas como deberías. Dejas que te humillen, te griten y comparen, y no sabes por qué, pero confías en que algún día cambiará y que lo hará por ti. Eso, no existe. Te pareces a Mimi de Luna de hiel, película altamente recomendable que impactó a mi amiga Katié. Vela y sabrás a qué me refiero.
Magistral, Luna de hiel
