Ebria de mar… Divagaciones

He pasado los últimos tres días y sus dos noches frente al mar. Durante el día podía sentir su brisa, con solo dar unos pasos fuera de mi habitación; y por la noche su sonido fue tan cercano que la invitación a visitarlo fue constante.

Hoy salí a caminar por sus orillas por última vez – al menos en lo que queda de mi visita a Ecuador– y no me importó que estuviera lloviendo. El agua cálida me relajó por completo y más aún cuando me topé con una cosita extraordinaria. Ahí en la arena, moviéndose camino al mar se hallaba  una tortuga bebé. Estaba inmóvil, hasta creí que estaba muerta, pero no; estaba camino a la orilla, para seguir con su destino. ¿Habrá perdido el camino? ¿Habrá sido la última en salir de su cascarón y la habrán dejado sola? No sé… Pero fue mágico para mí, tener una entre mis manos.

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A voltear la tortilla se ha dicho…

Hace un par de días, conversaba con un amigo sobre la naturaleza del juego que lo absorbe en Facebook; así empezó a contarme de sus pescaditos, sus colores, diferencias y el caracter de alguno de ellos. La conversacion trivial que tenía por finalidad darme sueño, pues pasaba la medianoche y de Morfeo ni las luces, se volvió interesante cuando me dijo algo que me dejó pensando durante casi toda la noche: “Este es mi pescadito géminis, el que se demora demasiado en darme cosas, pero en cuanto me dé lo que quiero y le salga su coronita, se la quito y se morirá”. Osea, alimentas a tu pez, lo cuidas y luego, cuando obtienes de él lo que quieres, lo eliminas. Esto me dejó consternada porque se parece en mucho a lo suele suceder en la realidad. ¿Cuántas veces no hemos sentido que nos endulzan el oído, insisten y buscan hasta conseguir lo que en secreto, es lo único que desean de ti, y luego te desechan? ¿Cuántas veces nos hemos sentido deseados, usados y descartados a una velocidad inaudita?

Cuando trabajaba en Pamer de Jesús María, tuve a una alumna, cuyo nombre no recuerdo, que era una muñeca preciosa. Curvilínea, voluptuosa, con cara de ángel, ojos verdes, cabello castaño, pequitas traviesas y rizos que eran de comercial. Lamentablemente, se encontraba enamorada de un chico que no la valoraba, que la engañaba con medio colegio y que la humillaba. Cuando le pregunté por qué una mujer tan linda como ella, que podía estar con quien quisiera, se humillaba cediendo con tan vil ser, me dijo que al menos con él tenía la seguridad de que no la usaba como un trofeo. Su gran miedo era que se le acercara un individuo cualquiera y que la buscara solo para exhibirla, usarla y botarla. Tan poca era el autoestima de mi hermosa ex aluma que no se daba cuenta de que ella merecía encontrar a un hombre que la amara no solo por el bonito estuche en el que estaba envuelto, sino por lo hermoso de su corazón. Espero que lo haya entendido y que ahora sea feliz. Sigue leyendo «A voltear la tortilla se ha dicho…»

Año nuevo, libro nuevo….

Uno de los mayores recursos que tenemos, es nuestra capacidad para cerrar etapas, iniciar de cero o voltear la página. El inicio de un nuevo año, aunque se trate de un día igual a otro, nos da esa oportunidad, cerrar un nuevo capítulo y volver a iniciar.

Este 2011 ha sido revelador para mí. Aprendí muchas cosas y descubrí otras sobre los demás, pero sobre todo sobre mí misma. He cambiado, mi visión de la vida ha cambiado, algunas cosas me siguen doliendo tanto o más a como me dolían hace 365 días; otras, ya no duelen tanto; y algunas, simplemente dejaron de existir para mí, pero a pesar de eso, el tufillo de la melancolía se hace sentir.

Este 2011 he descubierto que algunas personas nos interesamos solo por lo que sentimos, por qué nos hace daño y qué nos incomoda, pero no nos detenemos a ver cómo afectamos en la vida de los demás, a veces de manera destructiva y no tenemos la capacidad de pedir disculpas por ello. El orgullo puede más y siempre es más cómodo o hacerse la víctima o hacerse la que nada ha pasado para seguir adelante.

Este año que se fue, he descubierto que soy valiosa, inteligente y que puedo aprender cosas que no había imaginado, y que, aunque no parezca, hay quienes valoran eso.

Aprendí que la hipocresía, a veces se convierte en un medio de supervivencia y que las personas afectadas por esto, lo saben, pero prefieren denominarla «diplomacia». Es más elegante.

Hace años, un innombrable me dijo que la felicidad apesta y más que nunca he descubierto que es así. Hay personas que no soportan verte feliz y buscan la manera más minúscula para hacerte sentir miserable o arruinar tu alegría, tras una fingida sonrisa o una cínica amistad.

Este año, he sido insoportable, gritona, malgeniada, renegona y llorona; no he tenido paciencia y el estrés me ha vencido, pero, quienes me conocen y se dieron el tiempo para estar ahí, aguantando cada golpe de mi olas emocionales, saben que tendrán mi amistad eterna. Los quiero sinceramente y me alegro que hayan continuado a mi lado.

He descubierto gente valiosa, a la que no hubiera volteado a mirar, si no me hubiera herido el alma, como lo hice, porque aunque parezca ridículo o exagerado, eso fue lo que pasó, me hirieron el alma; pero valió la pena, conocí a gente maravillosa y pude ver a quienes estaban ahí, con bajo perfil, pero me brindaban su cariño sincero.

Me he sentido culpable, he hecho cosas de las que no me siento orgullosa, me he equivocado, lo admito; pero he aprendido que hay fronteras que no se deben pasar, aunque la curiosidad de mate y aunque las ansias no te dejen. Los límites se hicieron para algo.

He querido, me han querido; he aprendido, me han enseñado; he corrido y me han parado; he besado unos labios exquisitos y no me han creído cuando lo he dicho; me han mostrado que mi paleta tiene nuevos colores con los que puedo hacer muchas mezclas de infinita belleza.

Este año ha sido de cambios, el que ahora se inicia será de la gran transformación. A Dios gracias.