Hace tiempo, un amiga a la que quería como una hermana, me dijo con tono desesperado que el trabajo en el que me encontraba me había cambiado el ánimo, se había robado mi sonrisa y me había amargado el alma. No le creí. Pensé que exageraba y que eran solo excusas para lo que consideraba su reprochable actitud para conmigo y me alejé, porque es lo que siempre hago cuando algo no me gusta o me duele… Cierro mi corazón, me doy la vuelta y me voy.
Han pasado más de ocho meses desde ese comentario y hoy, después de haber tenido que dejar la oficina que me albergó durante poco más de dos años, la misma persona me dijo que «había vuelto a ser la misma»… Mi cara de mala de había ido y hoy podía volver a sonreír.
Hace tiempo que no oía mi risa como lo he hecho hace un par de días, ¿dónde se me había escondido?, ¿en qué lugar se me había ahogado? No lo sé. Pero en este momento, después de conversar con un amigo y darle un consejo que debo de aplicar a mi propio estilo de vida, me doy cuenta de que he regresado, que me siento nuevamente feliz, que he vuelto a ser yo. No sé cómo explicarlo, es una alegría que me invade el cuerpo que inicia en mi estómago y me empapa los ojos.
Me siento feliz porque me he vuelto a encontrar y porque por primera vez después de mucho, mucho tiempo, no tengo nada que analizar y eso que tengo harto material por crear, pero mi mente está despejada, pienso con claridad… ¡Estoy feliz! Sigue leyendo «HE VUELTO…»
