He sido trabajadora dependiente por 17 años y no puedo negar que el universo (los apus, karma, Alá, Jehová, Dios, etc.) ha sido muy generoso conmigo, ya que cada empleo que he obtenido ha sido mejor que el anterior y en un par de oportunidades he tenido que decidir sobre el futuro laboral de quienes conformaban mi equipo de trabajo, lo que implicaba tener que decidir «dejar ir a alguno de ellos», que léase en buen cristiano significa «despedir a alguien». Situación que detesto desde lo más profundo de mi corazón y que me causa casi tanta ansiedad como escuchar el llanto de un roedor.
Tengo un carácter fuerte y quienes no me conocen (e incluso algunos que sí), creen erróneamente que disfruto despidiendo a personas. No tienen ni idea de lo traumático que puede ser esto para mí… Ponerme a pensar en qué será de sus familias, sus deudas, las cuentas y sentía tal nivel de agobio que terminaba hecha una mar de lágrimas o con dolor en el pecho. Por eso siempre lo he evitado, aunque no pude hacerlo en dos oportunidades.
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