Cuando era aún niño, Domingo fue enviado a Lima desde su natal Huancané (Puno) por su padre, quien lo reconoció cuando él ya tenía cumplidos los 12 años. La tía con quien vivió unos pocos años, no lo quería y se lo hacía saber, dejándolo sin comida o botándolo de su casa. Así solo y sin conocer el amor de una familia llegó a la Punta, en donde empezó a trabajar de lo que pudiera. Fue en la Punta, Callao, donde encontró el calor de un hogar, que no era suyo, pero que lo cobijaba aunque sea de a poquito. En la Punta conoció a mi mamá y con ella formó una familia; pero es más que sabido que quien no recibe amor, tampoco sabe darlo. Sigue leyendo «Siempre Domingo…»
