Martes, por qué martes…

Ayer tenía toda la intención de llegar a casa y sentarme a trabajar y avanzar algunas cosas pendientes con el Internet. Pero me venció el cansancio y no desperté hasta hoy a las cinco de la mañana.

Hoy me siento desmotivada, algo agobiada y bastante cansada. Será porque es martes y sé que tendré todo el día ocupado. Tenía planificado ir a las clases de Duilio e Ivon, pero no. volveré a casa y actualizaré todo lo que tengo que actualizar. Solo espero que la próxima semana que vuelva, aún sepa cómo subirme a un step.

En este preciso momento me preguntó, cómo puedo sentirme así este año. Recuerdo claramente que el año pasado, cuando terminaba, los lunes, cansada y agobiada, me animaba a mí misma con la cercanía de los martes. De igual manera se me pasaban los miércoles. Pero ahora es todo lo contrario. Definitivamente son ciclos. La vida tiene ciclos y creo que mi ciclo aquí llegó a su fin.

Como una relación desgastada en donde no tienes nada más que aportar y solo te afliges, así me siento HOY. Será porque el martes se me ha empozado con toda la tristeza en el alma y he sucumbido al desaliento. Será porque me ganaron la partida y porque no tengo más fichas para seguir jugando y no hay un salvador Huallullo que me dé más y más para seguir apostando (comentario que entenderán los que fueron a Cusco y jugaron 21 conmigo). Es así, este año aposté y perdí. Aposté y mostré todas mis cartas, ignorando a todos los ases que tenía en la palma de mi mano.

Me siento así, hoy martes. Perdida, cansada, agobiada, aburrida, me siento como reo que camina triste por la verde villa, pero entre todo esto me animo, porque mañana es miércoles y tengo que ver Los miserables, con personas que me harán sonreír.

Por ahora me basta con pensar en un agrio martes, seguido por un aliviador miércoles, no quiero pensar en jueves, y terminaré la semana con un viernes. Para ensayar el sábado y GANAR el domingo. Porque (y esto es para los chicos del concurso de danzas) aún así mi tercerito no gane, pusieron todo de su parte, y me sentiré igual de feliz, porque este año en el que pensé había perdido, resultó que al final termino ganando. Y esto es con mente positiva, porque aún faltan dos meses para terminar este afligido 2009.

¡2010, no sabes con qué ilusión y ansias te espero!

Días agitados, pero reflexivos…

Estos últimos días, han sido días de mucho trabajo, tanto que no he podido actualizar ninguno de mis blogs ni avanzar con el compromiso que asumí con tres de mis mejores alumnas. Como todo profesor sabe, cada fin de bimestre nos sorprende con una gran carga laboral, que gracias a Dios solo dura una semana o dos como máximo. Sin embargo, octubre siempre ha sido un mes extremadamente especial porque al trabajo de fin de bimestre se le juntan aniversarios, concursos y eventos de centro laboral.

Este va a ser un post reflexivo porque solo quiero dejar testimonio de algunas de las cosas que me pasaron en estos agitados días:

  1. En Cusco aprendí que en la actualidad, la mentira se hace tan común que parece cosa cotidiana. Es tan fácil mentir, o es quizá que los adolescentes de hora aseguran y hablan a la velocidad en que piensan. Lo hacen tan rápido que luego no están seguros de las cosas que afirmaron y como no lo recuerdan (o no lo quieren recordar) simplemente se niega. Si bien creí que este hecho había sido excepcional, terminé dándome cuenta (porque ayer durante el reinado me pasó exactamente lo mismo) que la realidad es así. Enseñanza de esto: No tomes como verdad aquello que no se te dice pensando serena y fríamente, mucho menos comentarlo aunque suene a anécdota curiosa.
  2. En Cusco reforcé que a las personas no se les puede prejuzgar. La idea de los caparazones que usamos para protegernos del daño exterior, no es solo cosa de adultos.
  3. Comprendí también que la unión hace la fuerza y que basta con querer hacer las cosas para poder conseguir lo que queramos. Ayer hicimos ganar a la reinita de mi salón y eso fue trabajo de todos. Bravo por los chicos de tercero de secundaria colegio Baden Powell.
  4. Comprendí y asumí de que por ser profesora soy ejemplo de muchos adolescentes y que aunque no me lo crea muy a menudo, existen varios que me admiran, por eso… A portarse bonito.
  5. Entendí de que los rumores pueden acabar con la reputación de una persona, por las ingenua e inocente que sea, y es que a mucha gente le gusta que le digan lo que quieren oír, y solo aceptan eso como verdad absoluta; aunque en el camino se lleven de por medio a personas probas.
  6. Me alegré porque uno de mis alumnos me dijo que fue algo muy bueno que llegara al colegio en donde le enseño, además de que soy una persona no recuerdo si linda, buena o algo similar. Me emocionó oír eso, aunque también me di cuenta de que a veces corres el riesgo de ser idealizado.
  7. Al respecto, observé que las personas ven lo que quieren ver y que muchas veces tergiversan la realidad según sus prejuicios o temores. Por eso lo mejor será tomar distancias, aunque la idea no me agrade.
  8. Finalmente, he comprendido de que ser mujer, profesora, hija, hermana, tía y ser humano a la vez es una tarea tan complicada que no sé cómo hacerlo aún, a pesar de tener 29 años (aunque en secreto me muero por tener 16 otra vez).

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¿Qué me hizo feliz de Cusco?

Post dedicado a mis alumnos de la promoción 2009 del colegio Baden Powell.

Existen momentos en la vida que se graban eternamente en tu mente y en el corazón. Todas nuestras primeras veces (primer beso, primer trabajo, primer enamorado…) forman parte ineludible de nuestra personalidad y motivan, en muchos casos, el desarrollo de nuestro destino.

Este último fin de semana por primera vez en mi vida me subí a un avión y me dirigí a uno de los lugares más hermosos que tiene mi país: Cusco. Pero más allá de la historia, el misticismo, la emoción, la cultura,entre otros, este viaje fue un momento de descubrir. De descubrir que se puede ser feliz con una sonrisa, con un juego de cartas, con subir una pendiente alta, con tomarse una fotos, con regatear  los precios o ayudar a realizar compras que no son para ti.

Descubrí también que muchas veces, las personas no son como las imaginamos, porque el parco y callado puede sonreír y mostrar dicha; el acartonado inflexible, puede hacer bromas e incluso bailar; porque la despistada y apática alumna, puede renegar para defenderte y la que tú creías arrogante, en verdad es sencilla e inocente.

Durante estos cuatro días que estuve en Cusco, descubrí que esta será la primera promoción a la que en verdad me dolerá ver partir, porque de solo imaginarlo siento un vacío en el pecho y una punzada aguda en el corazón. Cuando llegue diciembre y vea a mi promoción (Stella Magna) partir, ya veremos qué sentimientos me envuelven.

Cusco para mí fue una de las experiencias más bellas de mi vida, no solo por los hermosos paisajes, la lluvia incesante, los vientos misteriosos y la magia imperante; sino porque (aunque parezca atrevido) descubrí que puedo ser capaz de sentir un gran afecto en poco tiempo, porque me descubrí sensible y porque, a pesar del “excesivo equipaje”, me divertí mucho, aprendiendo a querer más a mis alumnos.

Gracias a mis chicos de la promoción Martin Luther King por darme cuatro días dicha, por alegrarme con sus sonrisas, por enseñarme a jugar 21, por burlarse de mí cuando perdí dinero en dicho juego, por solidarizarse conmigo cuando el viento se llevó mi sombrero, por apoyarme moralmente cuando tuve que cargar con el “excesivo equipaje”, por hacerme reír con sus travesuras, por invitarme a su pijamada, por recorrer los caminos conmigo, por tomarme fotos, por caminar a mi lado, por hacerme extrañarlos tanto, aunque todavía no se han ido, pero sé que en algún momento lo harán.

Gracias por mostrarme que Cusco pudo, puede y podrá ser maravillosa para mí siempre.

PD: Me faltan más fotos, pero hoy (miércoles 07/10) no sé dónde está mi cámara… Mañana (feriado feliz) actualizo con mis mejores tomas…

Demasiado hermoso para ser real…

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Atrévete a escribir el cambio – EnseñaPerú from Xtremos por Naturaleza on Vimeo.

Yo quiero… ¿Tú, no?

Mi dulce pollito…

Como bien saben soy profesora y a pesar de ser relativamente joven, no soy la profesora blanda y tiernita que quizá mucho creen. Como bien lo dijo una amiga que también es profesora: “A mí se me quiere a largo plazo”. Una recomendación común entre mis más avezados alumnos es “miss NUNCA tenga hijos”. Supongo que es porque creen que seré una mala madre.

En este preciso momento mi corazón está muy triste y hace una hora que no dejo de llorar. Sabía bien que este momento llegaría, pero no tan pronto y no tan de repente. Mi pequeña Daniela se ha mudado de casa hoy y por eso no puedo dejar de llorar.

Mi dulce pollito vivió conmigo dos años con un mes y veinte días, pero parece que hubiese sido mucho más tiempo.

Muchos se preguntarás por qué me afecta tanto, si no es mi hija; pero lo cierto es que ella es lo más cercano que tengo a una y que la quise desde el momento en que supe que vendría al mundo. Cosa que no sucedió con todos los miembros de mi familia.

Mi casa ahora está triste, ya no se oyen sus pasitos en el tercer piso y sé que cuando, de ahora en adelante, llegue a casa ya no me esperará su vocecita llamándome desde el tercer piso o sus abrazos y sus visitas inesperadas a mi habitación. Ya no me obligará a correr detrás de ella para jugar a las chapadas, ni se tirará en mi cama para ver televisión conmigo, no me quitará mi cifrut y dirá “mío” a todas las cosas que encuentra y que le gustan.

Mi pollito se ha ido y no la veré hasta el sábado o el domingo. No sé si será suficiente una tarde para nosotras.

Es increíble cómo un ser tan pequeñito puede cambiarnos la vida, porque eso es lo que hizo mi pollito, cambió mi vida y la llenó de color. Algo me aprieta el pecho y solo pasa cuando me pongo a llorar.

No puedo culpar a nadie porque sabía muy bien que este momento llegaría, aunque secretamente cruzaba mis dedos para que Danielita se quedara muchos años en casa y pueda verla crecer.

Mi mamá dice que volverán, que la cólera se le pasará y que mi hermana volverá más madura y centrada, que las cosas pasan por algo y que esto tenía que ser así. Espero que tenga razón.

Me voy a dormir triste y contando los días que faltan para verla.

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¡Te extraño, Pollito!