Hace unos años, mientras paseaba por Crisol encontré un libro que llamó mi atención desde la portada. La mezcla de fucsia con morado y negro, me cautivó. Se llamaba La novia oscura y era la historia de Sayonara, una prostituta de un lugar imaginario llamado la Catunga. La historia de Sayonara me conmovió, y más aún la historia de su familia; sobre todo la de su hermano, que al ser encerrado en un hueco oscuro y humillado por militares que hicieron con él lo que les dio en gana, gritaba «soy humano, también valgo»; sin embargo estos gritos no sirvieron de nada, pues al final, se suicida, lo que trae consigo la desgracia que empuja a Sayonara a prostituirse. Este maravilloso libro, con el tipo de prosa que algún día me gustaría tener, se me extravió en un colegio de Los Olivos. Nunca supe en qué terminaba la historia de esta prostituta, de esta novia oscura.
Este post, no tiene nada que ver con novias ni prostitutas, tiene que ver con lo que gritaba incesantemente el hermano de Sayonara, que en mi caso sería «soy humana, también valgo». HE DICHO.
Durante toda mi vida siempre crecí a la sombra de alguien. Soy la hija mayor, la deseada, la querida, pero solapadamente rechazada por no ser hombre y arduamente criticada por ser reactiva. Esa soy yo, la bocona, gritona, arrogante, llorona, resentida… Pero inteligente, justa, bondadosa, buena amiga y afectuosa con quienes quiero. Sigue leyendo «YO TAMBIÉN VALGO…»
