Dedicado con mucho cariño a aquellas personas que se sienten traicionados… Si tú actuaste bien y con lealtad, no sufras, pues quien pierde, NO ERES TÚ.
Voy a tomar un verso prestado de Maria Emilia Cornejo para escribir sobre algo que me dijeron y me dejó pensando. Este post no va dirigido a UNA persona, sino a varias…
Soy la muchacha mala de la historia la que no te responde cuando le hablas, la que le ignora como le da la gana.
Soy la muchacha mala de esta vida porque la vivo como se me antoja y por el solo placer de ser libre no le da explicaciones a nadie, ni siquiera en su propia casa.
Soy perversa, cruel y desalmada porque no me rompo en pedazos con cada desaire suyo y porque me llega a la teta tus ganas de hablarme.
Soy la mujer que engaña a todos cotidianamente, dices, por un miserable puñado de atención y lo que quizá no saben es que mi interés repentino es arreciado por otros y que termina con un ¡qué pena!
Soy ligera, vanidosa, orgullosa y perversa… Tal vez sí, tal vez no, todo depende de las ganas que tenga porque hasta para ser «mala» no debes tener flojera.
Soy hereje, antipática, odiosa y todo lo hago adrede… Eso dices, eso dicen y lo cierto es que mucho de ello es verdad.
Pero lo más triste de todo es que mientras se revientan el hígado, buscándole un nuevo rasgo a mi maldad, yo continúo con mi vida y solo me acuerdo de ustedes cuando tras un trago amical, alguien me menciona sus nombres y me comenta alguna novedad, que como bien dije, ya me dejo de interesar.
No me conocen, es obvio, pero qué se le puede hacer cuando pululan cerca de ti infelicidad, mezquindad, hipocresía, toda bien disfrazada tras tanta superficialidad.
Quitándole la frase ahora a una mocosa igualada que tuve la desgracia de conocer: «Qué aburridas que son».
