Hace once años, cuando mi papá tenía 51, por algún motivo que desconozco, decidió que la vida que había tenido a nuestro lado por más de 20 años, no lo hacía feliz; así que cogió sus cosas y se fue.
Luego de ese evento, lo vi dos veces más, una cerca de la Navidad del 2002 y otra en la Navidad del 2003, cuando llegaba en un taxi y sin bajarse dejaba una bolsa con víveres para sus hijas. Una mísera bolsa con arroz, azúcar y fideos que asumo él creyó era lo que merecíamos, sus cuatro hijas y su esposa.
¿Qué habíamos hecho? ¿Por qué el rechazó? ¿Por qué el desprecio? Nunca supe qué responderme, pero, a pesar de todo, guardaba mucho cariño por mi padre y esperaba que algún día volviera a casa para estar con nosotras nuevamente. Así fue como esta ilusa mujer de 26 o 27 años, no recuerdo exactamente la edad, se enteró que su padre, estaba con una chica de 25 (nunca olvidaré ese número) y que esta «mujercita» tenía un hijo, un hijo varón, el que mi padre iba a criar como el que siempre había querido. Comprendí lo que ocurría y el amor de hija se me secó en ese momento. Sigue leyendo «PERSONAL»
