«Para algo bueno tenías que servir, mi estimado»
Kathy al cerdito lascivo y mentiroso
No tengo sueño, mi proyecto de investigación está colgado por culpa de un servidor maltrecho que no me permite trabajar y Cerebro (la manera como llamaré desde ahora a mi mente) empezó a molestar… ¿Qué hacemos Cerebro? ¿Qué hacemos? ¿Seguimos leyendo el libro que acabamos de enviar a Vero o empezamos a escribir?
Pensando, pensando, Cerebro y yo llegamos a la conclusión de que la saga del cerdito lascivo sería una buena idea de ir expulsando poco a poco la bilis que el verdadero cerdo no me permite hacer, por estar escondiéndose en su madriguera, sí una madriguera, porque este cerdito es excepcional. Imagino al cerdito oculto bajo sus sábanas, aferrándose a su trébol de la buena suerte y me río con mucha ternura.
– «Agradece, cerdito, que Kathy detesta ver la muerte de animalitos inocentes»
– Pero Cerebro, el cerdito lascivo y mentiroso no es inocente… Aunque
– Upssss… ¿Ya fue?
– Aún lo estoy meditando… No me presiones, Cerebro, no me presiones.
Cerebro también me ha hecho notar que cuando escribo o pienso en la imagen del cerdito lascivo, como un verdadero cerdito a lo Babe o Porky o los cerditos que salen en el comercial de San Fernando y que después terminan convertidos en los chorizos que tanto me gustan de la Bistecca, la pena que me genera el cerdito se me pasa y me da mucha risa. Estoy segura de que si el cerdito leyera esto, olvidando que se le atrapó con las patitas donde no debía, se reiría también, como esos viejos tiempo cuando en la paz reinaba en la granja.
– Entonces, no deberías empezar a contar la historia desde el cerdito lascivo, sino de una granja.
– ¿Te parece cerebro? Sería una historia llena de drama, emoción, con héroes y villanas.
– Tus personajes serían los animalitos que viven en esa granja.
– BUENA IDEA. Yo sería la yegua indómita, una yegua altiva y elegante
– ¿?¿?¿?¿ Cof, cof, cof…
– ¡Tengo libertad de narrador! Sigue leyendo «DE COMO SURGIÓ LA IDEA DE LA SAGA DEL CERDITO»
