Carta a usted

Mi familia no es perfecta, lo sé bien, pero quién lo es en este mundo? Nadie!

Esta carta está dirigida a quien consideré parte de mi fmilia, alguna vez…

Recuerdo claramente el día que la vi por primera vez, tan ágil, tan segura, tan regia. Para mí las  cosas siempre fueron simples, hasta que ingresé a su territorio. Nunca me sentí tan torpe, tan estúpida y ninguna ecuación podría ayudarme.

El destino hizo que nos acercáramos, yo no lo busqué, ni usted tampoco. Fue todo tan rápido. En un abrir y cerrar de ojos, yo ya la quería, aunque no sé si lo merecía. La sentí tan cercana, tan parecida, tan indefensa que me nació acompañarla y hasta protegerla.

Cómo ha cambiado todo. Cómo hemos cambiado ambas. Veo hacia atrás y me duele tanto. Tal vez forzamos todo, tal vez no debió ser así nada. Nos hemos hecho tanto daño y como dice mi inetiquetable, lo arruinado nunca vuelve a ser lo mismo.

No sé si cuando dijo que me quería, usted lo dijo en serio. Yo solo sé que se quedan conmigo tanto que compartimos, tantos recuerdos. Hoy que me dicen tantas cosas, me duele en el alma, no poder decirle todo aquello que tengo atorado en la garganta. Yo seguiré hacia adelante con la convicción de que a pesar de todo, a pesar de usted, yo la estimo.

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No, no es un error…

Me considero muy conservadora con respecto a algunos temas emocionales. Si estás con alguien a quien quieres, respétalo; no le saques la vuelta y si lo haces, porque eres una bestia porque no puedes aguantarte, hazlo muy lejos de tu amad@, porque no imagino otra cosa más terrible que añadir adjetivos como probrecit@ o  ingenu@ al mal ganado cachud@. Si tienes a tu lado a una persona a la que estimas, no le mientas, no hables a sus espaldas y no te hagas la víctima con otros, porque lo único que haces es dejarl@ mal parad@. En conclusión, mi filosofía se resume en algo muy sencillo, LLEVA TU VIDA LIBRE SIN PERJUDICAR A LOS DEMÁS.

No lastimar a otros, a veces es una misión titánica. En mi caso, aparentemente soy una persona que lástima sin compasión a los que están a su lado. Como alguna vez alguien me dijo, golpeo y golpeo sin piedad y no me doy cuenta del daño que hago. Es que, es eso… NO ME DOY CUENTA. Porque una torcedura esquiva de mirada a mí me duele, me quedo pensando, pero me canso de hacerlo y al toque se me olvida. Sigo adelante.

Cuando cometo errores, los asumo, si se puede solucionar, lo hago; y si no, ¿qué carajos quieren que haga?, ¿que recorra las siete iglesias de rodillas para demostrar que estoy arrepentida? Ni en la época de Cristo. Lamentablemente existe en este mundo personas con las que no compartimos criterios valorativos similares y que a todo aquello que sea distinto, simplemente lo señalamos, lo juzgamos y condenamos. MAL POR TI SI ERES ASÍ. Sigue leyendo «No, no es un error…»

Es hora de decir adiós…

Cerrar capítulos, pasar la página, despedirte de alguien, comprender que no va más, aceptar que has perdido, terminar con tu enamorado, darte cuenta que te equivocaste, separarte o hasta incluso tomar la decisión de bloquear a alguien que quieres en el FB, aunque suene superficial, ridículo o cursi… Aceptar que las cosas cambian y que a veces no toman el rumbo que quisiéramos, es duro y para algunos, es terriblemente doloroso.

Hace unos días conversaba con una amiga, sobre una situación nada agradable de unos mensajes muy ofensivos que empezaron a llegarme de la nada y sin motivo, y no porque no tenga enemigos, sino porque los que tengo pueden pagar un auto negro de lunas polarizadas o un asesino de guante blanco (entiéndase sicarios no tan chuscos). Sus palabras me hicieron aceptar algo que ya sabía, pero que no quería ver: «Pero si él es la razón de los mensajes y además ha sido tan inmaduro, por qué no lo sacas de todo. Empieza por sacarlo de tu FB»… «No puedo»… «¿No puedes o no quieres?»… «No puedo… Me da mucha pena».
Y no es que le tenga pena a esta persona en particular (la causante de una o de otra manera de los mensajes), sino me da pena por mí. Me da pena, me duele aceptar que me he equivocado. Me duele pensar que las cosas no van a ser como antes. Me duele haberlo juzgado, sin haberlo escuchado. Me duele porque sé que me diga lo que me diga no le voy a creer. Me duele que aunque sepa que no miento (hago berrinche, soy terca y odiosa, pero no mentirosa), no me crea a mí. Me duele haber perdido a un amigo al que quería tanto… Me duele… Me duele… Me duele. Ayer por la noche empecé a ordenar mi FB, su cuenta me hizo dudar. Finalmente la bloqueé. No quiero que me siga doliendo, no quiero leer cosas que me hagan daño, no quiero enterarme de comentarios que puedan hacerme odiar a alguien, no quiero. Decidí pasar la página y espero haber hecho lo correcto. Sigue leyendo «Es hora de decir adiós…»

DE COMO SURGIÓ LA IDEA DE LA SAGA DEL CERDITO

«Para algo bueno tenías que servir, mi estimado»

Kathy al cerdito lascivo y mentiroso

 

No tengo sueño, mi proyecto de investigación está colgado por culpa de un servidor maltrecho que no me permite trabajar y Cerebro (la manera como llamaré desde ahora a mi mente) empezó a molestar… ¿Qué hacemos Cerebro? ¿Qué hacemos? ¿Seguimos leyendo el libro que acabamos de enviar a Vero o empezamos a escribir?

Pensando, pensando, Cerebro y yo llegamos a la conclusión de que la saga del cerdito lascivo sería una buena idea de ir expulsando poco a poco la bilis que el verdadero cerdo no me permite hacer, por estar escondiéndose en su madriguera, sí una madriguera, porque este cerdito es excepcional. Imagino al cerdito oculto bajo sus sábanas, aferrándose a su trébol de la buena suerte y me río con mucha ternura.

– «Agradece, cerdito, que Kathy detesta ver la muerte de animalitos inocentes»

– Pero Cerebro, el cerdito lascivo y mentiroso no es inocente… Aunque

– Upssss… ¿Ya fue?

– Aún lo estoy meditando… No me presiones, Cerebro, no me presiones.

Cerebro también me ha hecho notar que cuando escribo o pienso en la imagen del cerdito lascivo, como un verdadero cerdito a lo Babe o Porky o los cerditos que salen en el comercial de San Fernando y que después terminan convertidos en los chorizos que tanto me gustan de la Bistecca, la pena que me genera el cerdito se me pasa y me da mucha risa. Estoy segura de que si el cerdito leyera esto, olvidando que se le atrapó con las patitas donde no debía, se reiría también, como esos viejos tiempo cuando en la paz reinaba en la granja.

– Entonces, no deberías empezar a contar la historia desde el cerdito lascivo, sino de una granja.

– ¿Te parece cerebro? Sería una historia llena de drama, emoción, con héroes y villanas.

– Tus personajes serían los animalitos que viven en esa granja.

– BUENA IDEA. Yo sería la yegua indómita, una yegua altiva y elegante

– ¿?¿?¿?¿ Cof, cof, cof…

– ¡Tengo libertad de narrador! Sigue leyendo «DE COMO SURGIÓ LA IDEA DE LA SAGA DEL CERDITO»

PERSONAL

Hace once años, cuando mi papá tenía 51, por algún motivo que desconozco, decidió que la vida que había tenido a nuestro lado por más de 20 años, no lo hacía feliz; así que cogió sus cosas y se fue.

Luego de ese evento, lo vi dos veces más, una cerca de la Navidad del 2002 y otra en la Navidad del 2003, cuando llegaba en un taxi y sin bajarse dejaba una bolsa con víveres para sus hijas. Una mísera bolsa con arroz, azúcar y fideos que asumo él creyó era lo que merecíamos, sus cuatro hijas y su esposa.

 ¿Qué habíamos hecho? ¿Por qué el rechazó? ¿Por qué el desprecio? Nunca supe qué responderme, pero, a pesar de todo, guardaba mucho cariño por mi padre y esperaba que algún día volviera a casa para estar con nosotras nuevamente. Así fue como esta ilusa mujer de 26 o 27 años, no recuerdo exactamente la edad, se enteró que su padre, estaba con una chica de 25 (nunca olvidaré ese número) y que esta «mujercita» tenía un hijo, un hijo varón, el que mi padre iba a criar como el que siempre había querido. Comprendí lo que ocurría y el amor de hija se me secó en ese momento. Sigue leyendo «PERSONAL»