A voltear la tortilla se ha dicho…

Hace un par de días, conversaba con un amigo sobre la naturaleza del juego que lo absorbe en Facebook; así empezó a contarme de sus pescaditos, sus colores, diferencias y el caracter de alguno de ellos. La conversacion trivial que tenía por finalidad darme sueño, pues pasaba la medianoche y de Morfeo ni las luces, se volvió interesante cuando me dijo algo que me dejó pensando durante casi toda la noche: “Este es mi pescadito géminis, el que se demora demasiado en darme cosas, pero en cuanto me dé lo que quiero y le salga su coronita, se la quito y se morirá”. Osea, alimentas a tu pez, lo cuidas y luego, cuando obtienes de él lo que quieres, lo eliminas. Esto me dejó consternada porque se parece en mucho a lo suele suceder en la realidad. ¿Cuántas veces no hemos sentido que nos endulzan el oído, insisten y buscan hasta conseguir lo que en secreto, es lo único que desean de ti, y luego te desechan? ¿Cuántas veces nos hemos sentido deseados, usados y descartados a una velocidad inaudita?

Cuando trabajaba en Pamer de Jesús María, tuve a una alumna, cuyo nombre no recuerdo, que era una muñeca preciosa. Curvilínea, voluptuosa, con cara de ángel, ojos verdes, cabello castaño, pequitas traviesas y rizos que eran de comercial. Lamentablemente, se encontraba enamorada de un chico que no la valoraba, que la engañaba con medio colegio y que la humillaba. Cuando le pregunté por qué una mujer tan linda como ella, que podía estar con quien quisiera, se humillaba cediendo con tan vil ser, me dijo que al menos con él tenía la seguridad de que no la usaba como un trofeo. Su gran miedo era que se le acercara un individuo cualquiera y que la buscara solo para exhibirla, usarla y botarla. Tan poca era el autoestima de mi hermosa ex aluma que no se daba cuenta de que ella merecía encontrar a un hombre que la amara no solo por el bonito estuche en el que estaba envuelto, sino por lo hermoso de su corazón. Espero que lo haya entendido y que ahora sea feliz. Sigue leyendo «A voltear la tortilla se ha dicho…»

Año nuevo, libro nuevo….

Uno de los mayores recursos que tenemos, es nuestra capacidad para cerrar etapas, iniciar de cero o voltear la página. El inicio de un nuevo año, aunque se trate de un día igual a otro, nos da esa oportunidad, cerrar un nuevo capítulo y volver a iniciar.

Este 2011 ha sido revelador para mí. Aprendí muchas cosas y descubrí otras sobre los demás, pero sobre todo sobre mí misma. He cambiado, mi visión de la vida ha cambiado, algunas cosas me siguen doliendo tanto o más a como me dolían hace 365 días; otras, ya no duelen tanto; y algunas, simplemente dejaron de existir para mí, pero a pesar de eso, el tufillo de la melancolía se hace sentir.

Este 2011 he descubierto que algunas personas nos interesamos solo por lo que sentimos, por qué nos hace daño y qué nos incomoda, pero no nos detenemos a ver cómo afectamos en la vida de los demás, a veces de manera destructiva y no tenemos la capacidad de pedir disculpas por ello. El orgullo puede más y siempre es más cómodo o hacerse la víctima o hacerse la que nada ha pasado para seguir adelante.

Este año que se fue, he descubierto que soy valiosa, inteligente y que puedo aprender cosas que no había imaginado, y que, aunque no parezca, hay quienes valoran eso.

Aprendí que la hipocresía, a veces se convierte en un medio de supervivencia y que las personas afectadas por esto, lo saben, pero prefieren denominarla «diplomacia». Es más elegante.

Hace años, un innombrable me dijo que la felicidad apesta y más que nunca he descubierto que es así. Hay personas que no soportan verte feliz y buscan la manera más minúscula para hacerte sentir miserable o arruinar tu alegría, tras una fingida sonrisa o una cínica amistad.

Este año, he sido insoportable, gritona, malgeniada, renegona y llorona; no he tenido paciencia y el estrés me ha vencido, pero, quienes me conocen y se dieron el tiempo para estar ahí, aguantando cada golpe de mi olas emocionales, saben que tendrán mi amistad eterna. Los quiero sinceramente y me alegro que hayan continuado a mi lado.

He descubierto gente valiosa, a la que no hubiera volteado a mirar, si no me hubiera herido el alma, como lo hice, porque aunque parezca ridículo o exagerado, eso fue lo que pasó, me hirieron el alma; pero valió la pena, conocí a gente maravillosa y pude ver a quienes estaban ahí, con bajo perfil, pero me brindaban su cariño sincero.

Me he sentido culpable, he hecho cosas de las que no me siento orgullosa, me he equivocado, lo admito; pero he aprendido que hay fronteras que no se deben pasar, aunque la curiosidad de mate y aunque las ansias no te dejen. Los límites se hicieron para algo.

He querido, me han querido; he aprendido, me han enseñado; he corrido y me han parado; he besado unos labios exquisitos y no me han creído cuando lo he dicho; me han mostrado que mi paleta tiene nuevos colores con los que puedo hacer muchas mezclas de infinita belleza.

Este año ha sido de cambios, el que ahora se inicia será de la gran transformación. A Dios gracias.

Resignación 1

Mientras espero a que la doctora diga mi nombre y me invite a ingresar a su consultorio para revisar el interior de mi estómago, me doy cuenta de que estoy rodeada de personas con alguna dolencia. No hay nadie más joven que yo. Todos tienen el rostro que muestra desgaste, cansancio, apatía o simple resignación, y me doy cuenta de que yo también la tengo.
El cuerpo se me está desgastando y debo aceptar que eso es así, sobre todo cuando me duelen las articulaciones o encuentro alguna nueva «línea de expresión» en mi rostro.
Me pregunto si es justo, si en este momento en que me siento con tantas ganas de vivir, algunas dolencias me hagan parar la mano. Y así, pensando en esto, me doy cuenta de que debo resignarme.
Acabo de salir de la endoscopia. Me han dicho que descanse, porque como lo pedí, me sedaron… Lo único que vi fue el tubo, no muy delgado que metieron a mi estómago y que no generó dolor… Sino incomodidad. Debo resignarme a que algunos procedimientos son así.
Debo resignarme a esperar que se me pase el mareo del medicamento que me pusieron y a que mi hermana, a quien pedí que me acompañara, me dijera que no le confirmé (a pesar de que le dije hasta en 3 oportunidades) y que así, mareada, tendré que hacer todo sola.

Con cabeza de globo.

Kathy desde mi BB

ME AHOGO

Hace un par de días en una reunión, me dijeron que era muy comunicativa y que no me imaginaban estar sola sin tener con quien hablar. Nada tan lejano de la realidad, al menos en este momento en el que solo quiero silencio.

Quiero silencio porque me estoy ahogando en tanto ruido, ruido que me generan los prejuicios de otros, mi lealtad, las mentiras, las poses, el oportunismo y las reacciones de algunos.

Me ahogo porque no sé qué, cuándo, dónde, pero sobre todo cómo decir algunas cosas que tengo atoradas en la garganta y se quedan ahí hasta que se aplacan en mi pecho y me generan dolor.

Quisiera gritar que eres una mentirosa, mala amiga, hipócrita, desleal, insegura, cobarde, oportunista, conchud@, aprovechad@, arrogante, cínico, descortés, etc, etc, etc, a tantas personas, pero la buena conducta me lo impide y nuevamente me veo aquí, ahogándome.

En este momento quisiera salir corriendo, internarme en un lugar lejano, estar sola y solo prestar atención a mi voz y así encontrar en mí la respuesta a todas mis dudas. Hay tanto en juego, tantos pendientes. No sé qué hacer.

Me siento desprotegida, porque mi ancla se hundió en la arena de las inseguridades y el oleaje de los malos entendidos. Solo fue un momento de calma que ya se extinguió. Me duele, pero así se dieron las cosas y las debo de aceptar.

Ahora me encuentro aquí, completamente afligida. Me siento triste, no tengo aire, quiero paz…

Experiencia religiosa: Mi creencia personal

Una de los temas sobre los que constantemente querían conversar mis alumnos, era el de la religión. ¿Miss, es católica?, ¿Miss, cree en Dios?, eran preguntas que necesariamente me repetían todos los años.

Mi asunto con la religión es un tanto particular. Tengo la convicción de que Dios existe, que está en todos lados y que escucha, aunque a veces demora, cada cosa que he tenido que decirle en algún momento; sin embargo, no considero necesario estar en una capilla, iglesia, templo o como quieran llamarle, para sentir su presencia. Por eso, me irrita, fastidia, aburre que me insistan con el tema de los domingos, de ir a misa o de reiterarme la importancia de Dios en mi vida, porque eso YA LO SÉ. Es más, considero que la fe en la existencia de un padre bondadoso que observa y guía cada unos de nuestros pasos nos brinda la esperanza de un mañana. La teoría no la sé a precisión, no conozco sobre sacramentos, himnos o mandamientos, pero estoy convencida de que mi Padre quiere que sea feliz, bondadosa y que no haga daño a nadie; y Él que sabe todo lo que hay en mi corazón, sabe que me esfuerzo por actuar de la mejor manera que puedo, aunque a veces, no parezca. Sigue leyendo «Experiencia religiosa: Mi creencia personal»